La construcción de una planta de licuefacción en el puerto de Bahía Blanca se presenta como un eje central para exportar el gas de Vaca Muerta, con el potencial de transformar la matriz energética y la balanza comercial del país.
El desarrollo de la cuenca neuquina alcanzó un punto de inflexión con la aceleración de los proyectos de infraestructura para el Gas Natural Licuado (GNL). Según proyecciones de consultoras energéticas, las exportaciones de hidrocarburos de Vaca Muerta podrían equiparar los ingresos del complejo sojero hacia fines de 2026, posicionando a la energía como un motor clave de divisas.
La construcción de la planta de licuefacción en el puerto de Bahía Blanca es central en esta transformación. El proyecto demanda una inversión de miles de millones de dólares y requiere la participación de consorcios internacionales. Su capacidad de procesamiento permitiría despachar buques de gran calado hacia mercados como Europa y Asia de manera regular.
“El potencial de Vaca Muerta no tiene techo si logramos evacuar el gas hacia los mercados globales”, señaló una fuente del sector. La planta de GNL es considerada la llave técnica para que el gas deje de ser un recurso regional y se convierta en un commodity transaccionable globalmente.
El flujo de capitales hacia la provincia de Neuquén generó un impacto en la urbanización y en sectores de servicios. La llegada de operadoras internacionales impulsó la creación de empleo indirecto en hotelería, transporte y logística. Pymes locales firmaron contratos de servicios petroleros con horizontes de hasta diez años.
Según análisis del sector, el costo de producción por barril equivalente en Vaca Muerta ya compite con las mejores cuencas de Estados Unidos. Esta competitividad atrae a fondos de inversión globales para financiar la infraestructura necesaria.
El impacto en la balanza comercial argentina se sentiría en los próximos años. La capacidad de exportar gas en estado líquido permitiría revertir el déficit energético crónico, pasando de importar GNL a exportarlo sistemáticamente.
La elección de Bahía Blanca como terminal responde a la profundidad de sus canales y a la infraestructura portuaria preexistente. El desarrollo incluye también la construcción de nuevos gasoductos troncales que conecten Neuquén con el Atlántico. La obra civil generaría miles de puestos de trabajo durante su fase de construcción.
El avance de los proyectos de GNL ocurre en un contexto de demanda sostenida por economías europeas que buscan diversificar sus fuentes de suministro. El gas argentino se percibe como una alternativa viable, lo que integraría a Vaca Muerta en el mercado mundial del GNL.
