La llegada de Franco Colapinto a la máxima categoría del automovilismo mundial generó un resurgir del interés, que se manifiesta en peñas, bares, simuladores de carrera y redes sociales, atrayendo tanto a antiguos seguidores como a nuevas generaciones.
Tras 23 años sin un representante argentino en la Fórmula 1, el regreso de Franco Colapinto a la máxima categoría reavivó una pasión dormida por el automovilismo. Este interés no solo moviliza a quienes recuerdan las épocas de Fangio y Reutemann, sino que también capturó a una nueva generación de jóvenes que se reúnen para alentarlo en cada Gran Premio.
La tendencia se refleja en espacios como Irondriver, donde Franco Carosella, su CEO, explica: “Tenemos pantallas donde transmitimos los Grandes Premios y organizamos watch parties. La gente viene a ver las carreras en grupo, comenta y luego sube a los simuladores, que ofrecen un realismo muy cercano a la experiencia profesional”. Un fenómeno similar ocurre en Espacio Ronda, con 14 simuladores que son punto de encuentro hasta altas horas de la noche.
En el ámbito social, la Peña FC 43, creada por amigos del padre del piloto, pasó de ser un grupo íntimo a una comunidad de más de 18 mil seguidores en Instagram, organizando encuentros masivos. “La verdad que el encuentro fue una cosa fantástica”, afirma Emiliano Tobio, uno de sus creadores.
Mientras, en bares como Locos por el Fútbol de Recoleta, parejas de entre 40 y 50 años son habituales en las transmisiones. La pasión también cruzó barreras de género. Sol Cebrón, creadora de contenido, señala: “Es un deporte muy masculino, pero en realidad somos un montón a las que nos gusta”. Por su parte, Cecilia Enrico analiza: “Hoy, gracias a las redes y a series como ‘Drive to Survive’, el interés se convirtió en una nueva costumbre nacional de fin de semana”.
Este resurgir del automovilismo, impulsado por la figura de Colapinto, muestra cómo el deporte motor volvió a tejer una trama social que combina tradición, tecnología y nuevas formas de sociabilidad.
