La zapatería Guido, fundada en 1952 por el inmigrante piamontés Luciano Bagnasco, funciona desde 1969 en un petit hotel de la Avenida Quintana 333, en el barrio porteño de Recoleta. La marca es reconocida por sus mocasines artesanales fabricados en Argentina, con presencia en el mercado local e internacional.
La casa de la zapatería Guido, ubicada en Avenida Quintana 333, en Recoleta, funciona desde 1969 en una residencia construida alrededor de 1915. El edificio, de estilo académico francés, conserva elementos originales como boiserie, chimenea de piedra, escaleras con alfombras y un montacargas antiguo. Se cree que fue proyectado por el arquitecto Eduardo Lanús y que su primer propietario fue Antonio Maura y Gamazo, hijo del expresidente español homónimo. Posteriormente, habría pertenecido a la familia de Jorge Newbery y luego a los antecesores de Humberto Roviralta, hasta ser adquirida a mediados de la década de 1960 para convertirla en zapatería.
La historia de Guido comenzó en 1952, cuando Luciano Bagnasco, inmigrante de Serravalle Scrivia, Italia, instaló un taller en la calle Guido, en la intersección con Montevideo. El nombre de la marca deriva de esa ubicación. Tras la prohibición de fabricación en la Ciudad de Buenos Aires, el comercio se trasladó a la calle Rodríguez Peña, donde aún funciona, y en 1969 se sumó la Maison de Quintana.
El mocasín Guido se caracteriza por su confección artesanal en cuero vacuno curtido a la anilina plena flor, costuras a mano con hilo encerado, suela vegetal natural, logo grabado a fuego y hebilla lateral con el isologo G. La producción de un par de mocasines demanda entre 10 y 12 días, debido a los procesos de humedecido, secado y montado sobre horma.
La marca ha calzado a figuras como Juan Manuel Fangio, Jorge Luis Borges, el rey de España y el expresidente Néstor Kirchner. Para 2026 proyecta una venta de 40.000 pares solo de mocasines. El 30% de su producción anual se exporta a Japón, Corea, Brasil, Estados Unidos y España, siendo este último el principal comprador internacional.
Desde 2015, Agostina Bagnasco (33), nieta del fundador, se incorporó a la firma familiar. Es la primera de la tercera generación en trabajar en la empresa, junto a sus hermanos Franco y Gina. La segunda generación, integrada por Aldo y Máximo Bagnasco, continúa al frente de las áreas comercial y de fabricación, respectivamente. La empresa emplea a 30 artesanos en su fábrica de Munro, donde el cortador Roberto “Manolo” Mirabelli, de 79 años, es el trabajador con más antigüedad.
Agostina Bagnasco afirmó que la empresa busca “ordenar y profesionalizar” la gestión, con incorporación de herramientas tecnológicas como inteligencia artificial para procesos de comercialización y planificación, pero sostuvo que la producción del mocasín “va a seguir siendo de la manera que es para generarle valor al producto”.
