La producción industrial registró en mayo una caída interanual del 5,7% y acumuló una contracción del 3,1% en los primeros cinco meses de 2026, según datos oficiales del INDEC. La baja fue generalizada en 14 de los 16 sectores relevados.
La industria argentina atraviesa un escenario de contracción que alcanza a buena parte de los sectores y a los principales polos fabriles del país. La pérdida de poder adquisitivo, el debilitamiento de la demanda interna, el elevado costo financiero, el incremento de las importaciones y la presión tributaria aparecen entre los principales factores que explican el deterioro de la producción, la inversión y el empleo.
Según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la producción industrial registró en mayo una caída interanual del 5,7%, aunque mostró una mejora mensual desestacionalizada del 0,4%. De esta manera, el sector acumuló una contracción del 3,1% durante los primeros cinco meses de 2026.
La baja fue generalizada: 14 de los 16 sectores relevados mostraron retrocesos frente al mismo mes del año anterior. Entre los más afectados se encontraron los productos textiles, con una caída del 26,2%; maquinaria y equipo, con un descenso del 23,4%; y prendas de vestir, cuero y calzado, con una contracción del 14,7%. Por el contrario, la refinación de petróleo mostró un incremento interanual del 19,4%, mientras que los productos de metal crecieron 3,7% y los minerales no metálicos avanzaron 2,4%.
Los primeros datos correspondientes a junio mostraron una mejora interanual, aunque no alcanzaron para revertir el balance negativo de la primera mitad del año. De acuerdo con el Índice de Producción Industrial de Orlando J. Ferreres (IPI-OJF), la actividad aumentó 1,4% frente al mismo mes de 2025 y acumuló una caída del 2,2% durante el primer semestre. En la medición desestacionalizada, en tanto, registró una baja mensual del 0,3%.
Las estimaciones preliminares del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA) también reflejaron una actividad prácticamente estancada durante junio. El organismo proyectó una caída de alrededor del 1,8% interanual y una variación positiva de apenas 0,2% frente a mayo.
Buenos Aires: la mejora macroeconómica todavía no llegó a las fábricas
En la provincia de Buenos Aires se observa un escenario de contrastes. Gabriel Leiter, referente de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires (UIPBA), reconoció los avances en materia de estabilización macroeconómica, pero advirtió que sus efectos todavía no se trasladaron al entramado productivo ni a los hogares.
“La parte macroeconómica del país se está acomodando. Estamos mejorando las calificaciones y las condiciones para que las empresas puedan acceder al crédito externo. Pero, aguas abajo, a la industria y a las familias todavía no les llegó el derrame de esas mejoras”, sostuvo.
En territorio bonaerense, 2025 cerró con un crecimiento del 2,1% en la actividad industrial frente al año anterior, aunque el nivel de producción se mantuvo 8% por debajo de 2023. En febrero se registró la cuarta caída interanual de la actividad, con una baja del 1,2%. Solo tres de los 11 sectores que componen el índice industrial bonaerense mostraron crecimiento, mientras que los más afectados fueron vehículos automotores, metales comunes y caucho y plástico.
El deterioro también comenzó a trasladarse al mercado laboral. Durante febrero, los asalariados privados de la provincia disminuyeron en términos mensuales, con una pérdida de 2.278 puestos. En el sector industrial se registraron 516.424 empleos durante el tercer trimestre de 2025, un 1,2% menos que un año atrás y un 3,7% por debajo de 2023.
Para Leiter, la situación industrial es marcadamente heterogénea. Las empresas proveedoras de los sectores energético, minero, hidrocarburífero y agropecuario atraviesan un escenario favorable, impulsadas por las inversiones concentradas en esas actividades. Sin embargo, aclaró que todavía se trata de una porción acotada frente al conjunto del aparato productivo.
“Hay empresas que están pasando un buen momento porque les venden al campo, la minería, el petróleo y el gas. Todas las inversiones que se están realizando allí generan trabajo para las pymes. Pero el resto sigue sufriendo los problemas de siempre”, explicó.
En las actividades relacionadas con el consumo masivo, las principales marcas registran fuertes caídas en sus ventas. En algunos casos, esa retracción generó oportunidades para segundas marcas con buena calidad y menores precios, aunque Leiter afirmó que se trata de un fenómeno limitado a pocas firmas.
La situación resulta especialmente delicada en indumentaria, calzado, textiles, muebles, decoración y regalería. En esos segmentos, la pérdida del poder adquisitivo modificó los hábitos de los consumidores, que postergan las compras y se limitan a reemplazar únicamente los productos indispensables.
La presión tributaria y el efecto acumulativo de Ingresos Brutos
Leiter identificó a la presión tributaria como uno de los principales obstáculos para la competitividad industrial. También puso el foco en el carácter acumulativo de Ingresos Brutos, especialmente perjudicial para las industrias bonaerenses con cadenas de valor extensas.
“En la provincia de Buenos Aires una manufactura puede pasar por 20 o 25 proveedores. Cada eslabón paga Ingresos Brutos y el impuesto se replica muchas veces sobre el mismo producto”, afirmó.
A su entender, la elevada carga tributaria también genera una competencia desigual entre las propias empresas argentinas. Las compañías que cumplen con todas sus obligaciones deben competir con firmas que operan parcial o totalmente en la informalidad y que, por lo tanto, pueden ofrecer precios más bajos. “Si todos pagásemos, todos pagaríamos menos”, resumió Leiter.
El dirigente también cuestionó el costo financiero y administrativo generado por las percepciones, retenciones, anticipos y el impuesto a los débitos y créditos bancarios. Según explicó, las empresas necesitan destinar personal y recursos a la gestión de obligaciones tributarias, en lugar de utilizarlos para producir, vender o desarrollar nuevos mercados.
Para Leiter, reducir los impuestos sobre las materias primas podría mejorar la competitividad de la producción nacional sin necesidad de aplicar subsidios. Además, consideró que la apertura comercial debería realizarse gradualmente, evitando prohibiciones generales, pero protegiendo las capacidades productivas mientras persistan las diferencias de infraestructura, costos logísticos, financiamiento y tributación.
“No podemos cerrar una fábrica de tractores y decirle que se reconvierta porque llegan tractores más baratos. Hoy la Argentina no puede darse el lujo de perder cada fábrica y cada puesto de trabajo”, remarcó.
Leiter sostuvo que las medidas destinadas a abaratar los productos importados no lograron reducir de manera significativa los precios de la indumentaria, pero sí aceleraron el cierre de empresas. “En lugar de permitir que ingrese indumentaria sin impuestos, habría que bajar la carga tributaria de toda la cadena nacional. Así se podrían reducir los precios sin destruir puestos de trabajo”, afirmó.
Santa Fe: siete de cada diez ramas industriales, en retroceso
El escenario también se replica en Santa Fe, una de las principales provincias industriales del país. La producción manufacturera santafesina cayó 1,3% interanual en mayo y acumuló una contracción del 4,4% entre enero y mayo. En términos históricos, el nivel de producción se ubicó 8,9% por debajo de mayo de 2023 y 14,3% por debajo del registro de 2022. Además, el 71% de las ramas industriales relevadas enfrentó una caída interanual.
“El retroceso de la actividad resultó generalizado, tal como se viene manifestando desde el segundo semestre de 2025”, sostuvo el presidente de la Federación Industrial de Santa Fe (FISFE), Javier Martín.
El comportamiento dentro del entramado fabril fue heterogéneo. La industria siderúrgica creció 14,1% frente a una base de comparación particularmente baja, mientras que la producción de vehículos automotores aumentó 13,1% y la molienda de oleaginosas avanzó 9,4%. En el otro extremo, la maquinaria agropecuaria se desplomó 29,6%. También retrocedieron la maquinaria de uso general, con una baja del 11,2%; la carne vacuna y las autopartes, ambas con una caída del 10,8%; las prendas de vestir, con un descenso del 10,2%; y la maquinaria de uso especial, con una merma del 9,1%.
Según Martín, las industrias vinculadas con la actividad energética y algunas ramas del agro consiguieron sostener o incrementar su producción. En cambio, los sectores más dependientes del mercado interno se encuentran, en promedio, entre 10% y 14% por debajo de los niveles registrados en 2022 y 2023.
“El principal factor que explica esas caídas es el menor consumo interno, fundamentalmente traccionado por la pérdida del poder de compra de la gente, con salarios iguales o más bajos y un aumento de los servicios por encima de la inflación”, explicó el titular de FISFE.
A ese panorama se suma la caída de la obra pública, considerada uno de los principales motores de la actividad económica, y el elevado costo financiero, que complica tanto las inversiones como la venta de bienes industriales de alto valor, entre ellos la maquinaria agrícola.
Martín también advirtió que la falta de financiamiento productivo con tasas y plazos razonables dificulta la competencia de los fabricantes argentinos frente a compañías extranjeras que ofrecen mejores condiciones de pago.
En Rosario, la industria representa el principal generador de empleo privado y el sector metalúrgico explica cerca del 40% del entramado manufacturero. Sin embargo, la actividad atraviesa un prolongado proceso de deterioro. Rafael Catalano, representante de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Rosario (AIM), aseguró que las empresas acumulan 44 meses de caída de la facturación en términos reales.
“El principal problema es la demanda y la pérdida de poder adquisitivo. Eso genera pocas expectativas y hace que todavía no podamos ver el final del túnel”, señaló Catalano.
El dirigente industrial consideró que las empresas necesitan avanzar en un proceso de reconversión productiva, aunque advirtió que para hacerlo requieren condiciones que les permitan invertir. En ese sentido, reclamó un tratamiento para las pequeñas y medianas empresas similar al otorgado a los grandes proyectos comprendidos dentro del RIGI. Sobre las perspectivas, planteó un panorama especialmente delicado: “Creo que todavía no llegamos al piso y que van a quedar muchos en el camino, tanto empresas como trabajadores”.
Córdoba: la producción pierde capacidad de tracción
Un relevamiento de la Unión Industrial de Córdoba mostró que durante el segundo trimestre el 43% de las empresas industriales registró una caída de la producción. Otro 42% logró mantener estable su nivel de actividad y apenas el 15% consiguió incrementarlo. Al realizar la comparación interanual, la mitad de las firmas afirmó encontrarse en una peor posición que un año atrás, mientras que solo el 20% manifestó haber mejorado.
“El deterioro no es de carácter estacional, sino que es el reflejo de problemas estructurales que, al pasar los años, incluyen a una mayor cantidad de industrias”, advirtió el informe.
Las expectativas hacia los próximos 12 meses tampoco muestran un consenso claro sobre una recuperación. El 32% de las empresas anticipó una nueva caída de la actividad, el 27% proyectó un crecimiento y el 41% previó un escenario de estabilidad.
En este contexto, las empresas comenzaron a modificar sus prioridades. En lugar de concentrarse en proyectos expansivos, buscan preservar competitividad, capacidades productivas, capital tecnológico y puestos de trabajo.
“La prioridad deja de ser crecer y pasa a ser preservar competitividad. La innovación tecnológica, la eficiencia operativa y el capital de trabajo desplazan a los proyectos expansivos como forma de fortalecer la capacidad de adaptación”, señaló el relevamiento.
La construcción como posible motor de la recuperación
Respecto de los próximos meses, Leiter afirmó que no observa medidas capaces de revertir rápidamente la situación, aunque aclaró que tampoco considera conveniente regresar a políticas de estímulo al consumo financiadas mediante desequilibrios que deban pagarse posteriormente.
“No podemos esperar dos, tres o cuatro años para que suceda algo. Necesitamos una respuesta urgente, pero tampoco queremos repetir sistemas en los que se estimulaba artificialmente el consumo y la factura quedaba para más adelante”, indicó.
Como posible motor de recuperación, destacó a la construcción y a la inversión en infraestructura. La edificación de viviendas, hospitales, caminos, redes eléctricas, ferrocarriles y vías navegables podría movilizar una gran cantidad de proveedores y generar empleo en diferentes cadenas productivas.
“Así como se aplicó una inyección de frío muy fuerte para bajar la inflación, ahora hace falta un poco de aire tibio. Sin inversión y sin construcción, la economía no crece”, graficó.
“Podemos tener un futuro excelente y recibir muchos dólares por las exportaciones mineras, energéticas y tecnológicas. Pero todavía no está claro cómo va a sostenerse el resto del entramado productivo mientras esas inversiones maduran”, planteó.
El pedido de políticas industriales de largo plazo
Los referentes industriales coincidieron en la necesidad de preservar las capacidades productivas y tecnológicas existentes. Advirtieron que, una vez que una fábrica cierra o se pierden trabajadores calificados, la reconstrucción del entramado puede demandar varios años y grandes inversiones.
Catalano reclamó “políticas de largo plazo y reglas claras” que permitan sostener a las empresas y generar empleo para una población cercana a los 50 millones de habitantes.
Desde FISFE destacaron como avances el ordenamiento de las cuentas públicas y la reducción de la inflación, aunque plantearon que la estabilización macroeconómica no alcanza por sí sola para reactivar la producción.
“La reducción de la inflación es fundamental, pero resulta prioritario pensar medidas que impulsen el mercado interno y políticas de articulación público-privada para aumentar el valor agregado de las exportaciones”, sostuvo Martín.
El presidente de FISFE también remarcó la importancia de fortalecer organismos técnicos y científicos como el INTI, el INTA, el Conicet y el Senasa, debido a su papel en los procesos de innovación, certificación y cumplimiento de normativas necesarias para acceder a nuevos mercados.
Por su parte, Leiter afirmó que UIPBA trabaja en propuestas concretas para modificar impuestos distorsivos sin afectar necesariamente la recaudación provincial y municipal.
“No se trata solamente de sentarse con un funcionario para protestar. Se están llevando propuestas y estudios para mostrar que, modificando determinados impuestos, se puede mantener la recaudación y darle oxígeno a la industria”, concluyó.
