Suiza presenta un modelo de gobierno colegiado con un Consejo Federal de siete miembros, sin presidente con poder unipersonal. Este sistema, junto con la autonomía de sus 26 cantones, define su estructura política.
Suiza, oficialmente Confederación Suiza, está compuesta por 26 cantones, entre ellos Zúrich, Vaud, Berna y Zug. Cada cantón posee su propia constitución, autoridades ejecutivas, legislativas y judiciales, y policía local. Además, tienen la facultad de fijar y recaudar sus propios impuestos, lo que genera competencia fiscal entre ellos para atraer ciudadanos y empresas.
El Consejo Federal
A nivel federal, el poder ejecutivo reside en un Consejo Federal, un órgano colegiado de siete miembros de diferentes partidos, todos con igual rango y autoridad. Este Consejo dirige la administración federal, prepara proyectos de ley, ejecuta las decisiones del Parlamento y representa al país en el exterior. Las decisiones se toman colectivamente, por unanimidad o mayoría, y una vez adoptadas, todos los consejeros las defienden públicamente, incluso si no las comparten personalmente o por afiliación partidaria. Este principio de colegialidad es clave para la estabilidad política suiza.
Elección del Consejo Federal
Los siete consejeros son elegidos cada cuatro años por la Asamblea Federal Unida, compuesta por los 200 diputados del Consejo Nacional y los 46 del Consejo de los Estados. La votación es secreta y por mayoría absoluta. Se elige asiento por asiento, comenzando por los consejeros en funciones según su antigüedad, sin límite de reelección. Desde 1959, una convención no escrita denominada “fórmula mágica” (Zauberformel) distribuye los asientos aproximadamente según la fuerza electoral de los partidos: dos para cada uno de los tres más grandes y uno para el cuarto. En las dos primeras vueltas, cualquier ciudadano suizo mayor de 18 años que haya manifestado su intención de postularse puede recibir votos. A partir de la tercera votación, solo continúan quienes ya obtuvieron votos. Si nadie alcanza la mayoría absoluta, se elimina al candidato con menos apoyos y se repite la votación hasta que alguien sea elegido. Los consejeros permanecen en el cargo hasta que renuncian o no son reelegidos.
Presidencia y vicepresidencia del Consejo
Cada año, la Asamblea Federal Unida elige a uno de los siete miembros como presidente y a otro como vicepresidente, aunque es casi una formalidad. El cargo de presidente rota según la antigüedad en el Consejo y dura un año. El vicepresidente en ejercicio se convierte en presidente, y el cargo de vicepresidente pasa al consejero con mayor antigüedad acumulada, excluyendo al presidente saliente. Los nuevos miembros se sitúan al final de la fila de espera institucional y no pueden optar a la vicepresidencia ni a la presidencia hasta que los veteranos hayan completado sus turnos. Este diseño asegura que quienes acceden a esos cargos tengan experiencia en el Consejo y evita cambios drásticos que afecten la estabilidad del gobierno.
Funciones del Consejo Federal
El presidente dirige las reuniones del Consejo y asume funciones de representación, pero no tiene más poder que sus colegas. Cada consejero encabeza un departamento de la administración: Asuntos Exteriores; Interior; Justicia y Policía; Defensa, Protección Civil y Deportes; Finanzas; Economía, Educación e Investigación; y Medio Ambiente, Transporte, Energía y Comunicaciones. La asignación de departamentos la decide el propio Consejo Federal de forma colegiada, generalmente después de una elección, priorizando la antigüedad: el miembro con más años elige primero su departamento, y así sucesivamente. Si no hay acuerdo, se vota, pero una vez asignado, el consejero debe aceptarlo. El Consejo puede redistribuir los departamentos en cualquier momento.
Estabilidad y continuidad
Este sistema de gobierno no depende de una coalición endeble ni puede ser derribado por una moción de censura. Los partidos mayoritarios están representados en el Consejo, que integra izquierda, centro y derecha, y refleja la diversidad lingüística, regional y política del país. Las fuerzas políticas se ven obligadas a dialogar y llegar a acuerdos, y las decisiones se toman con amplio consenso. Hay continuidad en las iniciativas políticas, no emergen personalismos que concentren poder excesivo y no se producen vacíos de poder. Este sistema se complementa con la democracia directa, que permite a los ciudadanos proponer nuevas leyes mediante iniciativa popular o impulsar referéndums para frenar o ratificar otras. Suiza es uno de los países más ricos y desarrollados del mundo, y su sistema político, aunque no perfecto, funciona.
