Un alud de lodo y rocas ocurrido el 26 de agosto en la región de Langtang, entre Nepal y China, causó 1.300 muertos y más de 5.100 desaparecidos. El evento se vincula con temperaturas de 5°C, las más altas registradas en 50 años.
El 26 de agosto, un desprendimiento de una sección de montaña a 5.200 metros de altura en la región de Langtang, entre Nepal y China, generó un alud que descendió a gran velocidad, arrastrando lodo, sedimentos y rocas. Según la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA), el balance oficial reporta 1.300 cuerpos recuperados y más de 5.100 personas desaparecidas, incluyendo más de 500 turistas extranjeros.
Registros meteorológicos indican que la región atravesó el cuarto verano más caluroso de los últimos 50 años. Durante los seis días previos al desastre, entre el 21 y el 26 de agosto, las temperaturas en la zona del glaciar alcanzaron un promedio de 5°C, superando el récord histórico de 4°C. Esas condiciones térmicas habrían provocado un derretimiento acelerado de nieve, filtración de agua en grietas rocosas y debilitamiento del permafrost, la capa de hielo que mantiene unidas las paredes montañosas, lo que derivó en el colapso.
El científico Robert Rohde, en un análisis publicado, sostuvo que eventos de esta magnitud podrían repetirse con mayor frecuencia debido al incremento global de temperaturas. Rohde afirmó que, sin el factor del calentamiento antropogénico, un patrón térmico tan elevado en las alturas de Langtang se registraría una vez cada varios miles de años.
Las tareas de rescate, a cargo de las fuerzas armadas de Nepal, se concentran en tres proyectos hidroeléctricos donde se presume que hay operarios atrapados en galerías subterráneas. El hallazgo con vida de tres trabajadores en el interior de los túneles ocurrió diez días después del alud. La identificación de los cuerpos se realiza mediante análisis genéticos con apoyo de delegaciones de China, India y Corea del Sur.
La emergencia humanitaria movilizó a miles de personas en la búsqueda de víctimas. Las dificultades de acceso terrestre y el hacinamiento en los centros de acogida complican las operaciones. La reconstrucción de las zonas afectadas en territorio nepalí demandará inversiones multimillonarias, en un contexto de daños severos en vías de comunicación e infraestructura energética.
