La obra, con dramaturgia y dirección de Antonio Villa, convierte la arquitectura del centenario teatro de La Boca en un elemento central del relato, que aborda la violencia y la condición humana desde la mirada de una fotógrafa.
Autor y director: Antonio Villa. Intérprete: Laura Paredes. Escenografía: Antonio Villa. Iluminación: Jésica Montes de Oca. Música: Nicolás Gulluni. Producción: Mónica J. Paixao. Sala: Teatro Verdi (Almirante Brown 734). Funciones: Viernes, a las 20.30. Duración: 60 minutos.
En las artes escénicas, el espacio que reúne a artistas y espectadores es fundamental. Hay obras que nacen para determinados lugares, y ‘Paz’ es una de ellas. Este unipersonal, interpretado por Laura Paredes y con dramaturgia y dirección de Antonio Villa, se presenta en el Teatro Verdi de La Boca, un edificio con historia que data de 1877 y que ha tenido diversos usos a lo largo del tiempo.
La obra utiliza la arquitectura del lugar –techos altos, palcos oscurecidos– como parte esencial de su puesta. Sobre un espacio despojado, se erige una montaña de piedras donde aparece Paredes, quien interpreta a una reportera gráfica que cubre una guerra en un lugar lejano. Su personaje registra con su cámara y micrófono los sonidos de una ciudad en conflicto.
La formación de Villa en artes visuales se hace evidente en un espectáculo que se aprecia como una instalación. Las proporciones del espacio, la oscuridad y elementos como el humo generan un efecto envolvente que dialoga con la narración.
El relato aborda la guerra, el derrumbe y la violencia, pero también los ideales y la complejidad humana. Lo hace sin solemnidad, a través de una voz que en ocasiones describe los hechos con cierta distancia, tratando de controlar el miedo. Esta mirada permite una lectura sobre lo indecible de la violencia, mostrando la adaptación forzada de quienes viven entre carencias, bombas y muerte, pero intentan mantener gestos de normalidad.
La historia también mezcla lo social con lo personal, tocando temas como un amor a la distancia y los vínculos familiares. Laura Paredes asume el desafío de una actuación que fluye entre el dolor y una mirada escéptica, evitando un registro único para reflejar la complejidad de la vida en un contexto extremo. La búsqueda de la paz, aunque parezca utópica, se mantiene como un faro en la obra.
