Un periodista relata su experiencia en un safari de lujo en el remoto delta del Okavango, en Botswana, desde el viaje en avioneta hasta el encuentro cercano con elefantes, leones y la vida salvaje africana.
MAUN.- Desde la ventanilla de una pequeña avioneta, la sabana se extiende sin indicios humanos, surcada por ríos y las rutas de migraciones animales. Se trata del delta del Okavango en Botswana, un gigantesco oasis en el sur de África. La agencia de safaris Wilderness invitó a un grupo de periodistas a conocer esta región, que alberga más de 60 campamentos en ocho países africanos.
El primer avistaje ocurre desde el aire: una manada de elefantes atraviesa un pantano. Tras un largo viaje aéreo desde Buenos Aires, el Cessna 208B Grand Caravan aterriza cerca del lodge en la isla de Hunda. Desde Maun, la ‘capital turística’ del Okavango, avionetas funcionan como aerotaxis conectando puntos del vasto delta.
El guía, llamado Delta, conduce el safari inicial. Apenas comienza el recorrido, aparecen dos jirafas preñadas, seguidas de impalas, cebras, kudús y jabalíes que conviven en aparente armonía. Sin embargo, la tranquilidad se altera al encontrarse con un grupo de elefantas y sus crías, que se sienten amenazadas y avanzan hacia el vehículo, obligando una retirada rápida.
Al atardecer, el ritual incluye un trago de Okavango Gin mientras el sol tiñe el horizonte. La búsqueda de depredadores tiene su recompensa durante la noche: a la luz de una linterna, se distingue a una leona con sus crías alimentándose de un ñu. Desde el jeep, sin rejas de protección, se observa la escena a pocos metros, escuchando el sonido de huesos quebrándose. Los guías de Wilderness no portan armas; la seguridad se basa en el profesionalismo y el respeto por el entorno.
La experiencia combina la belleza del paisaje con la intensidad de observar la vida salvaje en su estado más puro, siguiendo los ciclos naturales de caza y supervivencia.
