Tras los fallecimientos de dos profesionales de la salud, un toxicólogo del Hospital Fernández analizó el impacto de sustancias como el fentanilo y el propofol, destacando su alto control en instituciones médicas.
En el contexto de la investigación por el desvío de medicamentos en el Hospital Italiano y tras los recientes fallecimientos del anestesista Alejandro Zalazar y el enfermero Eduardo Bentacourt, el doctor Carlos Damin, director de Toxicología del Hospital Fernández, analizó los riesgos asociados al consumo de opioides y otras sustancias controladas.
El especialista señaló que, en sus 35 años de experiencia, “nunca vi recuperarse un paciente consumidor de opioides”, debido a las recaídas dramáticas que suelen sufrir. No obstante, aclaró que en Argentina el número de consumidores de este tipo de sustancias “siempre fue un número menor” y que “nunca fue un problema social serio”, a diferencia de lo que ocurre en países como Estados Unidos.
Respecto al fentanilo, un opioide sintético muy potente, Damin explicó que es un analgésico utilizado por anestesiólogos, cuyo control de dosificación es crucial para evitar sobredosis. “Cuando el que lo controla es un anestesiólogo, especialista en el uso de este tipo de medicaciones”, su administración es segura, precisó. En cuanto al propofol, un anestésico, el toxicólogo aclaró que “no es una sustancia para pensarla como sustancia que genere dependencia porque no la genera”.
El profesional hizo hincapié en los estrictos controles que existen en hospitales y sanatorios para estos fármacos. “Tienen una trazabilidad de este tipo de medicamentos montada muy seria”, afirmó, detallando el recorrido controlado desde la farmacia hasta el quirófano. “No es fácil que se sustraiga. Es posible. Puede haber un micro hurto, pero no es algo sistematizado”, concluyó.
