Ante datos oficiales y presiones del sector privado, la administración de Milei analiza medidas para aliviar la coyuntura, mientras la oposición busca capitalizar el descontento.
Un sector del empresariado que apoya al Gobierno ha comenzado a expresar inquietudes sobre la marcha de la economía. Según indican fuentes del sector, estas preocupaciones, basadas en datos oficiales y encuestas, han sido transmitidas al ministro de Economía, Luis Caputo, y al presidente del Banco Central, Santiago Bausili.
En las últimas semanas, el Gobierno ha implementado una serie de medidas que analistas interpretan como un ajuste pragmático al plan original. Entre ellas se destacan la decisión de YPF de desacoplar temporalmente el precio local de los combustibles de la volatilidad internacional, y las acciones del BCRA para flexibilizar encajes bancarios y bajar tasas de interés con el objetivo de fomentar el crédito.
Otras iniciativas incluyen la compra de dólares para fortalecer reservas y la promoción de inversiones en energía y minería que contemplen a proveedores locales. El presidente Javier Milei reconoció esta semana que “la gente no quiere la dolarización” y que muchos argentinos “la están pasando mal”.
En el plano político, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, emerge como una figura opositora clave. Kicillof busca construir una “corriente de opinión” crítica del modelo económico actual, argumentando que deja a millones de personas “afuera”. Su objetivo a mediano plazo es consolidar una alternativa electoral para las próximas elecciones.
El escenario político parece estar virando desde la tradicional grieta peronismo-antiperonismo hacia un debate entre diferentes visiones sobre el rol del Estado en la economía y la industria nacional.
