Una especialista explica cómo la convivencia, la sobrecarga de tareas y el agotamiento cotidiano pueden apagar el deseo sexual, un fenómeno que no está relacionado con la falta de amor.
La psicóloga y sexóloga Milagros Burgos Recci describe una realidad extendida en muchas parejas: la rutina doméstica, la falta de espacios propios y la distribución desigual de las tareas del hogar pueden hacer que la pareja deje de ser percibida como alguien “deseable” para pasar a ser vista como un “compañero de equipo”. Según la especialista, el deseo necesita contexto, novedad y cierta distancia simbólica para florecer.
Cuando la vida se vuelve predecible, con los mismos horarios y escenas diarias, el deseo tiende a aplanarse. Es en este contexto donde aparece lo que algunos denominan el “síndrome del sofá”, una forma de nombrar cómo esa “comodidad” doméstica, lejos de favorecer la intimidad, puede apagar los destellos de pasión. El hogar se transforma en un espacio de obligaciones —trabajo, crianza, tareas— y el cuerpo deja de estar disponible para el juego erótico.
“Muchas parejas llegan a consulta diciendo ‘no hay momento para el sexo’, y esto no tiene que ver con falta de ganas”, afirma Burgos Recci. La lógica actual de autoexigencia permanente, analizada por el filósofo Byung-Chul Han en “La sociedad del cansancio”, produce un agotamiento físico, mental y emocional que impacta directamente en la vida íntima. “Estamos agotados física y mentalmente. El estrés y la sobrecarga emocional son hoy uno de los mayores frenos del deseo sexual. El cuerpo pide descanso, no rendimiento”, explica la psicóloga.
Las pantallas también cumplen un rol clave en este fenómeno. “Muchas parejas se acuestan juntas, pero en lugar de mirarse o tocarse, cada quien se refugia en su celular. Están cerca, pero no conectadas”, advierte la sexóloga. Las redes sociales y las series ocupan momentos que antes podían dedicarse a la intimidad o al contacto físico.
Un efecto paradójico de la convivencia permanente es que “vemos tanto al otro que dejamos de verlo”. Burgos Recci señala que en consulta muchas personas expresan que su pareja no les genera deseo en la rutina, pero sí se excitan al verla en otro contexto, como con amigos o riendo. “Ahí reaparece algo fundamental del erotismo: el deseo por vitalidad y distancia”, comenta.
Dado que el deseo no funciona por voluntad, no alcanza con proponerse “tener más sexo”. Por ello, la psicóloga sostiene que “la mayoría de los problemas sexuales son problemas de comunicación, no de técnica, ni de amor”. Hablar de sexo puede resultar incómodo porque nos vuelve vulnerables, pero iniciar ese diálogo —aunque cueste— es un paso fundamental para recuperar la intimidad, el consentimiento y una sexualidad más consciente.
La especialista cierra con un mensaje esperanzador: “La intimidad no se pierde de un día para el otro, se va apagando en silencio. Pero puede volver a encenderse cuando se la nombra”.
