En el barrio de Balvanera, un pasaje zigzagueante conserva el trazado del primer ferrocarril que circuló en Argentina, inaugurado en 1857.
En el barrio de Balvanera, en la ciudad de Buenos Aires, existe un pasaje que corta en diagonal una manzana y que lleva el nombre de Enrique Santos Discépolo. Este recorrido, que va desde la esquina de Callao y Lavalle hasta la de Corrientes y Riobamba, no sigue una línea recta, sino que describe un trayecto zigzagueante.
El origen de este pasaje se remonta a 1857, cuando por allí pasó el primer tren que circuló en la República Argentina. En esa época, la zona estaba compuesta por quintas, baldíos y algunas construcciones esporádicas.
El 29 de agosto de 1857 se inauguró el primer ferrocarril argentino, denominado “El Camino de Hierro de Buenos Aires Oeste”. El recorrido original salía de la Estación del Parque, ubicada donde hoy se encuentra el Teatro Colón, y tomaba la calle Parque (actual Lavalle) hasta Callao. Allí doblaba hacia Corrientes por lo que hoy es el pasaje Discépolo, en un tramo que fue conocido sucesivamente como Curva de los Olivos, Curva de los Hornos de Bayo o, por la peligrosidad de sus curvas, Curva de la muerte.
Luego, la formación continuaba hasta Centro América (hoy Pueyrredón), doblaba en Piedad (Bartolomé Mitre) hasta Bermejo (Jean Jeaurés), donde se encontraba la primera estación. Después, tomaba la actual Rivadavia hasta la última estación, en Floresta. Las paradas intermedias eran Almagro, Caballito y Flores.
La locomotora que lideraba la formación se llamaba La Porteña. Llegó en barco desde Inglaterra y había circulado durante la Guerra de Crimea. En la Navidad de 1856, la máquina y cuatro vagones llegaron al puerto de Buenos Aires. Veinte días después, fue trasladada hasta la Estación del Parque en un carromato tirado por una treintena de bueyes, según algunas fuentes, o por caballos, según otras.
Las crónicas indican que unas 30.000 personas presenciaron la salida de la formación. Los maquinistas eran un inglés, John Allen, y un italiano, Alfonso Corazzi. Entre los pasajeros del viaje inaugural se encontraban Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Dalmacio Vélez Sarsfield y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Valentín Alsina.
Según relata Enrique Germán Herz en “Historia de la Plaza Lavalle”, decenas de jinetes siguieron el recorrido al galope, un muchacho se tendió sobre las vías y el tren pasó sobre él (sin que se especifique si sobrevivió), y un cacique indígena de nombre Yanquetrúz subió a la locomotora para conocer al “caballo comecarbón y respirallamas”.
El viaje duró aproximadamente 35 minutos y los pasajeros recibieron un refrigerio en el kiosco de la estación de Floresta. Luego, la máquina emprendió el regreso.
En 1883, cuando la zona de la primera estación estuvo más poblada y las vías se convirtieron en un peligro para los transeúntes, se decidió que el tren partiera desde la estación de Once. La curva de la muerte quedó fosilizada en medio de la manzana. El pasaje se llamó Rauch durante un tiempo y, desde 1988, lleva el nombre de Enrique Santos Discépolo.
