El acuerdo comercial con la Unión Europea, vigente desde el 1 de mayo, representa un hito para el bloque regional, pero persisten disputas internas sobre cuotas, aranceles y la estructura jurídica del pacto.
El Mercosur llega a la cumbre de Asunción con el acuerdo comercial con la Unión Europea en vigor provisional desde el 1 de mayo, tras veinticinco años de negociaciones. Según datos oficiales, Argentina completó su cupo de miel en pocas semanas y se proyecta que agote el 95% del cupo de carne. El comercio fluye, pero persisten tensiones internas y desafíos jurídicos.
En Europa, el Parlamento Europeo votó, por diez votos de diferencia, enviar el acuerdo al Tribunal de Justicia de la UE para determinar si su arquitectura jurídica es compatible con los tratados del bloque. Los ejes de la impugnación son el “troceado” del acuerdo —la división en dos instrumentos para evitar la unanimidad de los 27 parlamentos nacionales— y el mecanismo de reequilibrio, una cláusula que permitiría a los países del Mercosur adoptar contramedidas si futuras normas europeas redujeran sus exportaciones. El dictamen del tribunal podría demorar entre 18 y 24 meses. Francia y Brasil, actores centrales en el proceso, atravesarán procesos electorales en ese período.
El lobby agropecuario europeo continuó con su presión. Movilizaciones que bloquearon Bruselas en diciembre, puertos franceses en enero y calles de Madrid en febrero derivaron en presión parlamentaria. Los agricultores exigen cláusulas espejo, que los productos del Mercosur cumplan en origen los mismos estándares sanitarios, ambientales y de bienestar animal que se imponen en la UE. La Comisión Europea avanzó con el acuerdo, pero la resistencia persiste.
En el Mercosur, las fracturas son de otra índole. Las cuotas de exportación no están distribuidas entre los socios, y el principio que parece imponerse es el del más rápido: quien ratificó primero, embarcó primero y usó primero el cupo disponible. Argentina actuó en consecuencia, pero esta lógica podría profundizar las asimetrías dentro del bloque, dejando a Uruguay y Paraguay en una posición desventajosa.
Otra fractura estructural surge del acuerdo arancelario que Argentina firmó con Estados Unidos en febrero. Brasil expresó su preocupación de que productos estadounidenses ingresen al mercado regional a través de Buenos Aires, perforando el Arancel Externo Común (AEC). Este principio es uno de los pilares fundacionales del Mercosur.
Paraguay entrega una presidencia pro tempore con el acuerdo con la UE vigente y números exportadores alentadores. Sin embargo, la cumbre de Asunción no representa un cierre sino una pausa. Los próximos eventos —el dictamen del tribunal europeo, la distribución de cuotas, la tensión con Estados Unidos y las elecciones en Francia y Brasil— definirán si este momento se consolida o si revela fracturas más profundas.
