El especialista que desarrolló una técnica de análisis multifamiliar y trabaja con grupos vulnerables sostiene que la mente puede cambiar y que la comunidad tiene un rol terapéutico.
Eduardo Mandelbaum llegó a la psicología después de cuatro años de Física y Química en la UBA. Fue alumno, amigo y socio en una institución psiquiátrica de Enrique Pichón Rivière. Desde los doce años remó por los ríos del delta del Paraná, compitió en regatas y en agosto de 1979 participó en la regata del mar de Irlanda, donde una tormenta con olas de 15 metros y vientos de 180 km/h causó la muerte de quince personas; Mandelbaum ganó su categoría.
Hoy recibe en grupos a familias de un asentamiento de Martínez. En la entrevista, Mandelbaum explicó que cuando se trabaja con el paciente en el diván solo se accede a sus representaciones, pero al incluir a la familia real se puede comprender cómo se armó la mente del sujeto y cómo contribuye la familia a su sufrimiento. Afirmó que “cuando un sujeto sufre, sufre su familia, aunque este proceso sea inconsciente para todos”.
El trabajo en el partido de San Isidro se constituye como una red de grupos multifamiliares integrativos desde 2004. Mandelbaum señaló que el aparente caos de las sesiones se ordena mediante la formación en psicoanálisis integrativo, que permite dar sentido a los aportes y desentrañar la confusión.
Consultado sobre la crítica de que el psicoanálisis reproduce desigualdad, sostuvo que la frecuencia de una sesión semanal es insuficiente para lograr cambios profundos, y que las instituciones ofrecen honorarios adecuados pero no alcanzan a cubrir la demanda.
Sobre el individualismo y los vínculos frágiles, declaró que los cambios en la producción, la virtualidad y la sobreestimulación hicieron que el sujeto perdiera de vista la necesidad de afecto e intimidad. Afirmó que las redes sociales expresan la necesidad de comunicación pero generan una ilusión de presencia, mientras que los grupos multifamiliares buscan recuperar la cercanía emocional.
Mandelbaum concluyó que, tras décadas de trabajo, está convencido de que “si se hace todo lo necesario, todo el tiempo necesario, no hay nadie que no cambie”, ya que las redes neuronales pueden modificarse con estímulos intensos sostenidos en el tiempo. Agregó que el mar le enseñó respeto por la naturaleza y que “después de la tormenta, el sol siempre sale”.
