Los juguetes sensoriales como squishies y slime ganaron popularidad entre niños y adolescentes. Ante la aparición de versiones falsificadas con sustancias tóxicas, especialistas en pediatría y toxicología explican qué señales de alerta tener en cuenta al comprar y usar estos productos.
Los juguetes sensoriales, como los squishies, el slime y las masas moldeables, se convirtieron en una categoría de entretenimiento habitual para niños y adolescentes. Se comercializan en jugueterías, supermercados, bazares y kioscos, en diversos formatos y precios. La reciente alerta por versiones falsificadas de los juguetes Squeezy Dumpling, que contenían benceno en concentraciones superiores a los límites legales, puso el foco en la seguridad de estos productos.
Controles exigidos en Argentina
Según Matías Furió, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), todos los juguetes comercializados en el país deben aprobar ensayos de seguridad que incluyen pruebas físico-mecánicas, de rotulado y de migración de metales pesados y sustancias químicas. Además, desde el año pasado se aceptan normas y estándares internacionales de países de alta vigilancia, como Estados Unidos y los de la Unión Europea.
La normativa exige que cada producto cuente con Documentación de Conformidad, ya sea un Certificado de Seguridad o un Informe de Ensayo emitido por un laboratorio acreditado. El nuevo Marcado de Conformidad, que reemplazó al logo de la “S”, incluye un código QR que permite acceder a la Declaración Jurada de la empresa responsable y a la documentación que acredita el cumplimiento de las pruebas.
El caso de los Squeezy Dumpling falsificados
Gabriel Arcidiacono, jefe de Toxicología Clínica del Hospital de Clínicas, explicó que los Squeezy Dumpling falsificados contenían benceno, una sustancia clasificada en el grupo 1 de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), en concentraciones cuatro veces superiores al límite legal en su capa exterior (20 mg/kg sobre un límite de 5 mg/kg). El benceno puede irritar ojos, nariz y garganta y, con exposición prolongada, se asocia con leucemia y otros cánceres.
La CAIJ presentó una denuncia ante Defensa del Consumidor tras replicar localmente el criterio aplicado en Reino Unido, donde se alertó sobre estos productos.
Recomendaciones de pediatras
Las doctoras María Florencia Barril y Adela Armando, del Comité Nacional de Prevención de Lesiones de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), señalaron que algunos productos virales pueden carecer de fabricante identificable, información sobre su composición o estar destinados a edades diferentes de las del niño que los utiliza. Advirtieron que los menores de 3 años exploran objetos llevándolos a la boca, por lo que cualquier pieza pequeña que se desprenda puede representar un riesgo de atragantamiento o aspiración.
Las especialistas indicaron que los squishies y otros juguetes blandos no son necesariamente peligrosos, pero pueden romperse, perder su contenido o desprender pequeñas partes. Recomendaron supervisar el juego de los niños pequeños y retirar cualquier juguete roto, abierto o con pérdida de contenido.
Señales de alerta
Según las pediatras consultadas, las señales de alerta incluyen:
- Roturas, aperturas, pérdida de líquido o gel, desprendimiento de partes o cambios en la consistencia.
- Olor químico fuerte o inusual.
- Ausencia de fabricante o importador identificable.
- Instrucciones insuficientes o etiquetado deficiente.
- Aparición de irritación en la piel, molestias en los ojos, náuseas, vómitos o síntomas respiratorios tras la manipulación.
En caso de presentarse estos síntomas, se recomienda suspender el contacto y consultar a un servicio de salud o centro de toxicología.
Recomendaciones de compra y uso
Arcidiacono aconsejó no utilizar productos si no se está seguro de que son originales y cumplen con las normas. Un producto seguro debe tener el logo del fabricante original, nombre y dirección de un importador, instrucciones claras de seguridad y no debe ser calentado en el microondas. El calentamiento puede derretir el juguete y liberar químicos tóxicos que se inhalan o causan quemaduras.
Ante cualquier duda o sospecha, se recomienda desechar el juguete en doble bolsa de residuos con una indicación de que se trata de un residuo tóxico, junto con la basura no reciclable, sin quemarlo, cortarlo ni desecharlo en inodoros, piletas o alcantarillas.
Para verificar la seguridad de un producto, se puede ingresar al Observatorio del Juguete (observatorio.caij.org.ar), donde figuran los productos observados en el mercado local y los retiros informados en países de alta vigilancia. También existe un formulario para reportar lesiones asociadas al uso de juguetes, armado en conjunto con la SAP.
Las especialistas concluyeron que “el juguete correcto no es el más caro ni el más tecnológico. Es el que se adapta a quién va a jugar con él”.
