El geólogo Roberto Sidale explicó el proceso tectónico que genera los sismos en el oeste del país y detalló las regiones con mayor peligrosidad, la importancia de la construcción antisísmica y la sismicidad inducida.
El suelo que tiembla periódicamente en el oeste del país y en las Sierras de Córdoba tiene una explicación científica: el choque constante entre placas tectónicas que modela la cordillera. El geólogo Roberto Sidale explicó cómo funciona este proceso geológico y señaló cuáles son las regiones más expuestas al riesgo sísmico.
“Los terremotos son algo que va a suceder; por eso tenemos nuestra cordillera y por eso se levantan las sierras de Córdoba”, afirmó Sidale en una entrevista reciente.
Zonas de mayor peligro en el país
El mapa de peligrosidad sísmica en territorio argentino se concentra en una franja que abarca todo el oeste y el noroeste. Esa región incluye a Mendoza, San Juan, Catamarca, La Rioja, Salta, Jujuy y Córdoba.
Hacia el sur, la dinámica tectónica varía debido a la inclinación de la placa, generando sectores donde la sismicidad natural convive con dinámicas locales.
La historia sísmica argentina registra eventos extremos en el extremo austral, como el terremoto de 1949 en Tierra del Fuego, que alcanzó una magnitud de hasta 7.7 en la escala de magnitud de momento (Mw).
La importancia del suelo y la construcción
El impacto de un movimiento telúrico no depende solo de su magnitud, sino de la calidad de las edificaciones y las características físicas del suelo. Los terrenos blandos pueden funcionar como amplificadores de las ondas, elevando el riesgo de daño.
El experto mencionó la frecuencia de vibración como un elemento central. “Si el sismo coincide con la resonancia natural del edificio, este se desmorona; no hay forma de evitarlo”, advirtió Sidale.
Por esta razón, es necesario cumplir con las normas de edificación sismorresistente INPRES-CIRSOC 103, priorizando que infraestructuras críticas como hospitales y estaciones de bomberos mantengan su funcionamiento operativo tras el impacto.
Ciencia, prevención y sismicidad inducida
La tecnología actual no permite anticipar la fecha ni la hora exacta de un terremoto. La tarea científica apunta a detectar segmentos de fallas geológicas donde la actividad lleva demasiado tiempo detenida, áreas conocidas como “lagunas” o gaps sísmicos.
Además de la sismicidad natural, existen fenómenos de sismicidad inducida. En zonas como Neuquén, se ha observado un incremento en la frecuencia de sismos de baja magnitud vinculado a la práctica de la fracturación hidráulica (fracking) en Vaca Muerta, donde la inyección de fluidos a alta presión puede alterar la estabilidad de fallas preexistentes.
La prevención edilicia, el monitoreo sismológico constante y los planes de emergencia son las principales herramientas de defensa para las comunidades.
