domingo, 19 mayo, 2024
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Edmundo Rivero: el cantor que impuso un estilo en el tango

El “Feo”, así lo apodaban, no fue un cantante convencional.

Fue un artista cuyas interpretaciones se mimetizan con los temas que cantó. Aún mantiene esa cualidad.

Sin embargo, su consagración en el tango fue difícil, ardua y tardía.

Al principio, su canto no tuvo una aceptación general.

Pero su voz grave y cavernosa se hizo un lugar destacado entre otras notables expresiones del tango.

Varias canciones del género son sinónimo de su voz en la aceptación del sentir popular argentino.

Así lo certifica “Nostalgia”, de Cadícamo y Cobián.

Edmundo Rivero nació en Pompeya, cerca de Riachuelo, el 8 de junio de 1911. A lo largo de su vida fue vecino de los barrios porteños de Belgrano y Saavedra.

Sus tíos paternos y materno lo indujeron al mundo de la lectura y de las melodías.

Pero su ingreso a la música no tuvo un destino directo al tango.

Antes estudió en el Conservatorio Nacional y fue concertista de guitarra, conocimiento que lo llevó a recorrer las vidalitas, las milongas y la ópera.

Recién a los 33 años, Edmundo Rivero fue recibido por el tango en las manos de Horacio Salgan, quien lo invitó a integrar su orquesta.

El pianista lo había escuchado por la radio al describir  “Caminito”.

Después cantó tres años con Aníbal Troilo, desde 1947 a 1950, al reemplazar a Alberto Marino.

A los 40 años, llegaría al escenario de la fama como cantor solista.

El lunfardo, como buen porteño, fue su idioma cantado como símbolo de patrimonio cultural.

Antes de la consagración, tocó con su guitarra en bodegones, cantó con payadores y recorrió el circuito de las radios, mientras estudiaba para recibirse de Profesor de Historia.

Fue a través del universo radial que posibilitó el encuentro con Salgón, una estación de su vida bisagra como cantante de tango.

La unión de ambos hombres de la música atravesó momentos difíciles, ya que Edmundo Rivero fue rechazado por su voz de bajo, en una etapa donde se celebraban a las voces con perfil de tenor.

Pero en 1947 sería el año del sosiego artístico para El Feo, ese rara avis del tango.

El prócer del fuelle, Aníbal Troilo, lo convocó a su orquesta.

La sociedad duró tres años. Fue una fuente de ingreso al éxito popular para Edmundo Rivero.

Tal fue el apoyo del público que arribó  al mundo cinematográfico para participar en películas argentinas como “El cielo en las manos”, “Al compás de tu mentira” y “Pelota de cuero”.

El Flaco de Puente Alsina recorrió con su fama Latinoamérica, Estados Unidos, Europa y hasta Japón, mientras su esposa Julieta y sus cinco hijos mantenían el calor de su hogar.

En 1965 cantó las milongas del notable escritor argentino Jorge Luis Borges musicalizadas por el eximio Ástor Piazzolla.

Y en 1969 tuvo la visión de inaugurar el emblemático “El Viejo Almacén”, en San Telmo.

Esa casa de tango, que en la actualidad es un ícono de la identidad porteña, se convirtió en uno de los principales centros turísticos argentinos de fama mundial.

Si el arrabal tiene una referencia, Edmundo Rivero es el tutor indicado. Así lo demuestra Sur, de Homero Manzi y Aníbal Troilo.

El 18 de enero de 1986 muere Edmundo Rivero, guitarrista y cantor popular argentino. 

La historia también es noticia en Radio Perfil. Guion de Andrés Ruíz y locución de Pita Fortín.

por Radio Perfil

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