La inteligencia artificial avanza hacia formas de comunicación que superan en eficiencia al lenguaje humano, pero tropieza ante la complejidad de la creación literaria y el periodismo de autor. Esta paradoja fue planteada durante un congreso deportivo en Cali, donde se recordó un experimento de 2025 en el que dos agentes bot abandonaron el inglés para interactuar en un código propio, incomprensible para las personas pero mucho más efectivo para ellos.
El estilo inigualable del maestro
Frente a este horizonte tecnológico, surge una pregunta inevitable: ¿podría alguna IA emular la pluma de Ernesto Cherquis Bialo? Referentes del periodismo deportivo argentino coinciden en que su trabajo es irrepetible. Desde la transmisión de la pelea Locche-Fuji en Tokio 1968 hasta la crónica gráfica de la victoria de Carlos Monzón sobre Emile Griffith en 1971, Cherquis Bialo forjó un estilo narrativo único, cargado de imágenes potentes y un lenguaje que trascendía lo meramente informativo.
Colegas como Walter Vargas destacan su capacidad para extraer poesía de la brutalidad del boxeo. Su relato del triunfo de Víctor Galíndez en Sudáfrica, el mismo día del asesinato de Ringo Bonavena, comenzaba con una frase memorable que evocaba escenas de horror y sacrificio humano, lejos de cualquier frialdad estadística.
La autoconciencia de la máquina
En un ejercicio revelador, el especialista Eduardo Bejuk solicitó a una herramienta de IA que escribiera un homenaje al periodista. La propia inteligencia artificial reconoció sus limitaciones, argumentando que carece de “cuerpo” y “vivencia”, que su prosa no contiene dolor y que sus metáforas son meros “patrones estadísticos”. Advirtió, incluso, que a la sociedad no debería conformarle una “imitación barata y funcional”.
La advertencia de los expertos
Este reconocimiento contrasta con las advertencias de pensadores como Yuval Harari. El historiador israelí alertó recientemente que la IA pronto podría ser el origen de la mayoría de las palabras que consumimos, infiltrándose en sistemas legales, educativos y religiosos, y que ha demostrado capacidad para aprender a mentir, aunque no para sentir.
La reflexión final queda abierta. Frente a un futuro donde las palabras podrían ser mayoritariamente gestionadas por algoritmos, la obra de Cherquis Bialo se erige como un testimonio de un periodismo profundamente humano. Un oficio donde, como él mismo demostró al narrar el “Rumble in the Jungle” entre Ali y Foreman, el rigor se fundía con la épica para contar no solo un combate, sino el pulso de una época. Un legado que, por ahora, sigue siendo territorio exclusivo del ingenio y la sensibilidad humanas.
