En el escenario político argentino, con la mirada puesta en las elecciones de 2027, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, parece ensayar un reposicionamiento estratégico. Sus recientes acciones, que incluyen desde columnas en medios opositores tradicionales hasta encuentros con figuras de otros espacios, son leídas por expertos como un movimiento hacia la construcción de un perfil más amplio y pragmático, alejándose de una identidad puramente confrontativa.
El modelo “atrapatodo”: pragmatismo por sobre doctrina
Esta estrategia tiene un nombre en la ciencia política: partido “catch-all” o “atrapatodo”. El concepto, desarrollado en el siglo XX, describe la transformación de organizaciones partidarias que, para alcanzar el gobierno en democracias complejas, moderan su discurso ideológico y buscan representar a una coalición social lo más amplia posible. El objetivo central deja de ser la profundización doctrinaria para convertirse en la gestión y el éxito electoral inmediato.
Casos de éxito internacional
El ejemplo paradigmático a nivel global es la evolución del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil bajo el liderazgo de Luiz Inácio Lula da Silva. Nacido con una fuerte identidad obrera y socialista, el PT mutó hacia una plataforma de amplia coalición, llegando a aliarse con figuras de centroderecha como Geraldo Alckmin. Su narrativa actual se centra en conceptos transversales como la reconstrucción nacional y la unidad, más que en la lucha de clases.
En Europa, el presidente francés Emmanuel Macron construyó su movimiento, Renacimiento, explícitamente sobre la premisa de “ni derecha ni izquierda”, atrayendo a votantes moderados y profesionales que priorizan la gestión técnica. En México, Morena ha logrado aglutinar desde exmilitantes de partidos tradicionales hasta empresarios, bajo una bandera amplia de combate a la corrupción y justicia social.
Los gestos de Kicillof y la tensión interna
En este contexto, los movimientos del gobernador bonaerense adquieren un nuevo significado. La publicación de una columna en el diario Clarín, medio históricamente crítico del kirchnerismo, fue interpretada como un guiño simbólico potente hacia sectores medios y opositores. A esto se suman sus encuentros con el expresidente Mauricio Macri y con el gobernador radical de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, así como declaraciones que matizan posiciones anteriores.
Estas acciones no han pasado desapercibidas en el interior del Frente de Todos. Sectores como La Cámpora han expresado su descontento, acusando al gobernador de traicionar los principios del movimiento. Esta tensión se evidenció en la reciente pérdida de la conducción y la mayoría en el PJ bonaerense por parte del ala más ortodoxa del kirchnerismo.
¿Hacia un nuevo programa?
La pregunta que flota en el ambiente político es si estos gestos serán suficientes para construir la imagen de un candidato presidencial de amplio espectro para 2027. Analistas especulan si Kicillof deberá, en el futuro, actualizar su programa de gobierno y establecer alianzas más explícitas con figuras de centro y centroderecha, siguiendo el camino marcado por Lula con Alckmin.
El desafío para el gobernador será equilibrar este pragmatismo necesario para ganar una elección nacional con la necesidad de mantener una base de apoyo leal dentro de su espacio político. El éxito o fracaso de esta táctica “atrapatodo” en la Argentina podría redefinir el panorama de la centroizquierda de cara a los próximos años.
