Especialistas en pediatría explican la importancia de permitir que niños y niñas tomen decisiones progresivas, dentro de límites claros y con la guía adulta, para fortalecer su independencia y responsabilidad.
Permitir que un niño elija su ropa, decida a qué jugar o colabore en tareas domésticas simples puede parecer un detalle menor, pero forma parte de un proceso clave del desarrollo: la autonomía infantil. Lejos de significar “dejar hacer todo”, este concepto implica que los chicos ganen independencia de manera progresiva, siempre dentro de un marco de cuidado y con la guía de los adultos.
“La autonomía infantil es la capacidad progresiva de un niño o una niña para poder tomar decisiones, resolver problemas pequeños e ir asumiendo responsabilidades acordes a la edad”, explica Ángela Nakab, médica especialista en Pediatría y Adolescencia y secretaria de Medios y Relaciones Comunitarias de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
Según la especialista, la autonomía no aparece de un día para el otro, sino que es un proceso gradual que empieza desde los primeros años de vida. Entre los 2 y los 3 años, los chicos suelen mostrar sus primeras señales de independencia, como querer elegir la ropa o intentar comer solos.
Las neurociencias ayudan a entender por qué este proceso necesita tiempo. “El cerebro infantil, especialmente el área prefrontal que está vinculada con la toma de decisiones, la planificación y el autocontrol, madura de manera progresiva durante toda la infancia y la adolescencia hasta aproximadamente los 25 años”, detalla Nakab. Por ello, aclara que la autonomía siempre debe ejercerse dentro de un marco de cuidado, respeto y con la guía de las personas adultas.
Decisiones según la edad
Una clave para fomentar la autonomía es ofrecer opciones acordes a cada etapa. En la primera infancia (2 a 5 años), las decisiones pueden ser simples: elegir entre dos prendas, decidir qué cuento leer o a qué jugar. Entre los 6 y los 11 años, pueden empezar a organizar algunas responsabilidades propias, como el orden de las tareas, elegir un deporte o participar en decisiones familiares simples.
Durante la adolescencia, el margen de decisión crece en temas relacionados con sus intereses, amistades, actividades o manejo del tiempo libre. Este proceso desarrolla autoeficacia, responsabilidad y motivación interna.
Límites claros y necesarios
Sin embargo, hay decisiones que no pueden quedar a cargo de los chicos. Nakab menciona cuestiones vinculadas a la seguridad física, horarios de salida, uso no regulado de pantallas y redes sociales, rutinas básicas de sueño, hábitos de salud, alimentación completamente libre en edades tempranas y decisiones médicas o educativas relevantes.
“Los chicos necesitan libertad dentro de límites claros. Tienen que saber bien cuáles son los límites”, explica. Y agrega: “La autonomía saludable no significa ausencia de reglas, sino ir participando cada vez más en las decisiones a medida que van creciendo”.
Señales de preparación y evitar extremos
No todos los chicos están listos para lo mismo al mismo tiempo. La médica recomienda observar señales como la comprensión de las opciones disponibles, la capacidad de anticipar consecuencias simples, el interés en participar y cierto grado de autorregulación emocional.
En la práctica, muchas familias oscilan entre dar demasiada libertad tempranamente, lo que puede generar inseguridad o sobrecarga, o caer en la sobreprotección, que limita oportunidades de aprendizaje. “Lo que vemos en estudios de desarrollo es que la sobreprotección se asocia con menor tolerancia a la frustración y menor autonomía en la adolescencia”, señala Nakab.
Por ello, concluye la especialista, “el error no está en que los chicos se equivoquen, sino en impedir que lo hagan. Es importante que se puedan equivocar, que puedan frustrarse y que se desilusionen. Los errores son aprendizaje”.
