El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, compareció ante la Cámara baja en una sesión que transcurrió sin los enfrentamientos previstos, en un contexto de incertidumbre judicial y política.
El informe N° 145 del jefe de Gabinete fue, posiblemente, el más anunciado desde que la reforma constitucional de 1994 creó el cargo e impuso el artículo 101 para que el ministro coordinador asista una vez por mes a una de las dos cámaras del Congreso. Fue el primero que le tocó a Manuel Adorni desde que juró como ministro coordinador en noviembre y su comparecencia ante la Cámara baja no fue producto del compromiso institucional del gobierno libertario, sino parte de una decisión drástica en un momento crítico.
Cuando el escándalo por el viaje presidencial a Nueva York no había cumplido diez días, la gran incógnita giraba en torno al futuro de Adorni en el cargo. La espiral recién había comenzado y el ministro coordinador comenzó a padecer el goteo de las causas judiciales que se abrieron para contarle las costillas. Los casos abiertos indagan su patrimonio, los viajes al exterior, el vuelo privado de febrero a Punta del Este y la inclusión de su esposa, Bettina Angeletti, en la comitiva presidencial.
De todos los expedientes abiertos, solo el último fue desactivado la semana pasada, cuando la fiscal federal Alejandra Mangano pidió el archivo del caso que estaba en manos del juez federal Daniel Rafecas. Sin el impulso de la representante del Ministerio Público Fiscal, el magistrado no tuvo otra opción que cerrar el expediente. La noticia fue un alivio para Balcarce 50 cuando faltaba una semana antes del 29A.
Cuando los hermanos Milei le pusieron fecha a la primera comparecencia de Adorni en Diputados, arreciaban las dudas sobre el futuro del ministro coordinador en el cargo. Obturar esa incertidumbre fue uno de los objetivos principales de la decisión presidencial de comprometer la presencia de Adorni en Diputados con tanta anticipación. La apuesta fue de alto riesgo para todo el Ejecutivo: desde la presencia de los hermanos Milei, hasta el traslado de todo el Gabinete a los palcos para invitados de la Cámara baja.
El gesto de la Casa Rosada fue inequívoco, pero también funcionó como un ordenador para una bancada oficialista atravesada por el escándalo y las dudas sobre la conveniencia de defender al ministro coordinador en este momento. La instrucción del Presidente tuvo alto acatamiento. Todos asistieron a bancar a Adorni. Milei estuvo en primera línea, como una muestra de garantía para afrontar un recinto que se anticipaba embravecido y con la oposición preparada para capitalizar los errores no forzados del ministro coordinador desde que decidió subir a su esposa Bettina Angeletti al avión presidencial, defender la invitación y argumentar que se había ido a Nueva York a “deslomarse”.
Sin embargo, el tono de la sesión informativa no se condijo con los pronósticos tormentosos que circularon en los días previos al 29A. El Gobierno se enfocó, en los últimos 15 días, en asegurar que estaban preparando un contraataque en caso de que la oposición decidiera provocar escenas de escarnio contra el ministro coordinador. En la oposición les advirtieron a los emisarios de la Casa Rosada que si pensaban contrarrestar las preguntas para Adorni con “carpetazos”, la situación escalaría sin freno hasta transformar la visita del jefe de Gabinete en un escenario de consecuencias imprevisibles.
La advertencia libertaria de arrastrar a sus oponentes al barro de las acusaciones no pasó del amague y quedó demostrado en el recinto, porque no hubo munición verbal gruesa por parte de Adorni. Pero la ausencia de situaciones extremas durante las seis horas de la sesión también dejaron lugar a interpretaciones sugestivas. Tantas, que diputados oficialistas y opositores se animaron a hablar de un equilibrio inestable previo a la sesión para evitar que un desenlace trágico terminara perjudicando a todos por igual.
La sigilosa exploración entre el oficialismo y distintos interlocutores opositores apuntó a evitar que la situación concluyera en un escenario sin beneficios para nadie. Los diálogos reservados se extendieron con el correr de los días y no llegaron a un pacto de no agresión, pero alcanzaron para una llamativa coincidencia a los lados de la ultrapolarización que surca al recinto de la Cámara baja: evitar que todo estalle sin llegar a ningún lado.
El Gobierno no quería que la presencia de Milei terminara en un nuevo escándalo, con un tono más duro que el experimentado en la última Asamblea Legislativa del 1° de marzo. Los libertarios aseguran que ese día el presidente reaccionó con tanta virulencia por las críticas del peronismo. Con ese mismo antecedente resaltaron que este miércoles no sucedió lo mismo, sino una bancada de UxP que no entorpeció la exposición de Adorni, que tenía una hora de duración y se extendió por 20 minutos más.
El discurso del ministro coordinador coincidió con el tiempo que Milei y su Gabinete estuvieron en el recinto y marcó la primera etapa de la presentación. Dentro del bloque de UxP niegan cualquier aproximación con los libertarios para llegar a alguna coincidencia que no origine un caos dentro del recinto.
