Un informe de la UNESCO analiza el debate sobre el uso de celulares en las escuelas de América Latina y advierte que las prohibiciones por sí solas no resuelven los problemas de atención, ciberacoso o salud mental.
En los últimos años, el uso del celular en las aulas se ha convertido en un tema central del debate educativo. Lo que antes era visto como una herramienta para democratizar el acceso a contenidos, hoy es señalado como fuente de distracción, ansiedad y deterioro del clima escolar, según explicó Roxana Morduchowicz, consultora de la UNESCO.
Un reciente informe titulado ¿Celular en las escuelas? Un tema en la agenda pública de América Latina, elaborado por expertos de la UNESCO, introduce matices importantes: prohibir los celulares por sí solo no resuelve el problema. Según el Global Education Monitoring Report, actualmente 114 sistemas educativos nacionales (cerca del 58% de los países relevados) ya cuentan con algún tipo de restricción formal al uso de celulares, sobre todo en nivel inicial y primario. En 2023, menos de uno de cada cuatro países aplicaba prohibiciones nacionales; dos años después, la cifra se duplicó.
La expansión de estas restricciones responde a preocupaciones sobre problemas de atención, ciberacoso, salud mental y dificultades de aprendizaje asociadas al uso excesivo de pantallas. Sin embargo, la UNESCO advierte que las restricciones no deben ser una respuesta simplificada. El organismo sostiene que la tecnología digital puede tener efectos positivos sobre el aprendizaje cuando existe un propósito pedagógico claro y su uso es moderado y supervisado. El problema aparece con el uso excesivo o desregulado.
En América Latina, distintos gobiernos comenzaron a discutir regulaciones más estrictas. En Brasil, Chile y México aparecieron debates parlamentarios y normativas locales. En Argentina, aunque no existe una regulación nacional uniforme, en una docena de jurisdicciones (incluyendo CABA) ya se aplican restricciones parciales o prohibiciones durante las clases, salvo excepciones pedagógicas, especialmente en nivel inicial y primario.
El debate no solo interpela a docentes, sino también a las familias. Muchos educadores sostienen que las pantallas fragmentan la atención de los alumnos, mientras otros advierten que las prohibiciones absolutas pueden ser impracticables o contraproducentes, sobre todo en contextos donde el teléfono es herramienta de comunicación familiar y acceso a materiales educativos. Un ejemplo reciente ocurrió en Mendoza, donde se prohibió su uso pero las autoridades debieron retroceder porque los estudiantes no podían acceder a fuentes básicas de conocimiento.
Desde la UNESCO informan que la discusión no puede agotarse en el “sí o no” a los celulares. “El eje central pasa por definir cómo integrar la tecnología dentro de proyectos pedagógicos coherentes y cómo desarrollar capacidades de alfabetización digital crítica desde edades tempranas”, detalló Zelmira May, especialista en Educación de la oficina regional de ciencias de la UNESCO.
Especialistas en educación señalan que muchos sistemas escolares quedaron atrapados entre la fascinación tecnológica de la última década y las respuestas prohibicionistas más recientes. En ambos casos, el riesgo es dejar de discutir qué tipo de habilidades cognitivas, sociales y culturales necesitan desarrollar hoy los estudiantes. Argentina tampoco escapa a esa tensión, aunque el acceso a dispositivos móviles está ampliamente extendido entre adolescentes.
