Salvatore Schillaci, delantero siciliano de la Juventus, llegó al Mundial de Italia 1990 como suplente y terminó como máximo artillero del torneo con seis goles, desplazando a figuras consagradas y siendo clave en la campaña de la selección anfitriona.
El Mundial de Italia 1990 quedó registrado en la memoria del fútbol argentino por las actuaciones de Sergio Goycochea y Diego Maradona. En ese torneo, Salvatore Schillaci, un delantero siciliano de la Juventus, se consagró como el máximo goleador del certamen, con seis tantos.
Antes del inicio de la Copa del Mundo, Schillaci no formaba parte de la alineación titular prevista por el entrenador Azeglio Vicini. Gianluca Vialli y Andrea Carnevale eran las opciones principales para la ofensiva de la selección italiana, conocida como la Azzurra.
Según el historiador deportivo John Foot en su libro Calcio, la inclusión de Schillaci en la lista final respondió a su buen cierre de temporada en la Serie A. El debut de Italia frente a Austria, en el Estadio Olímpico de Roma, terminó con un empate sin goles hasta que Vicini envió a la cancha al delantero siciliano en los minutos finales.
A los cuatro minutos de su ingreso, Schillaci conectó un cabezazo que superó al arquero Klaus Lindenberger y dio la victoria a Italia. Ese gol le aseguró la titularidad para los partidos decisivos de la fase de grupos y las eliminatorias.
En octavos de final ante Uruguay y en cuartos de final contra Irlanda, Schillaci marcó los goles que clasificaron a Italia. La semifinal en Nápoles enfrentó a Italia con Argentina. Schillaci abrió el marcador tras un rebote de Goycochea, pero Claudio Caniggia igualó de cabeza en el segundo tiempo. La definición por penales dejó a Italia fuera de la final.
En el partido por el tercer puesto frente a Inglaterra, Schillaci anotó de penal el gol de la victoria y aseguró la Bota de Oro como máximo goleador del torneo, con seis conquistas. Superó a Lothar Matthäus, Tomás Skuhravý y Gary Lineker.
Tras el Mundial, Schillaci continuó su carrera en el Inter de Milán y luego en Japón. Su nombre quedó asociado al Mundial de Italia 1990, un torneo caracterizado por el juego físico y las sorpresas tácticas. El periodista italiano Giorgio Bocca señaló en sus crónicas que el fenómeno Schillaci representó el triunfo del futbolista de potrero sobre las estructuras tácticas.
