Con modelos que van desde los 15 hasta los 40 metros cuadrados, se pueden montar sin cimientos en suelos irregulares.
Glamni, una marca china del segmento de viviendas compactas, ha incrementado su presencia internacional con un producto que consiste en módulos prefabricados listos para usar. Estos módulos no requieren obra húmeda ni infraestructura previa, y se instalan mediante apoyos niveladores que permiten montar la vivienda sin cimientos, facilitando su colocación en suelos irregulares o zonas rurales.
La empresa ofrece modelos que van desde los 15 hasta los 40 metros cuadrados, con estructuras metálicas, paneles aislantes y sistemas eléctricos integrados. Las unidades se transportan plegadas o en formato contenedor y pueden desplegarse en pocas horas. Según la empresa, un equipo reducido puede dejar una tiny house operativa en el mismo día, siempre que el terreno esté despejado y se cuente con acceso para el camión.
El interior de las viviendas sigue un diseño compacto, con espacios integrados, mobiliario funcional y superficies que priorizan la durabilidad. Según la configuración, pueden incluir cocina equipada, baño completo, climatización y aberturas de doble vidrio.
Una característica de estas viviendas es la posibilidad de relocalización. A diferencia de una construcción fija, una tiny house de Glamni puede desmontarse y trasladarse a otro terreno, lo que la convierte en un activo móvil. Esto resulta atractivo para propietarios que no desean comprometerse con una obra definitiva o para quienes alquilan un lote y necesitan una vivienda que pueda acompañarlos en caso de mudanza.
En cuanto a precios, varían según el modelo y el país de destino. Según lo publicado por la empresa, una casa de 38 m² para dos a cuatro personas tiene un valor de US$ 47.600; una de 30 m² para dos personas, US$ 36.600; las de dos pisos, que suman 68,8 m², cuestan US$ 53.000. A estos valores se debe sumar el traslado, la importación y otros gastos posibles.
El avance de estas mini casas también genera debate en torno a la regulación. En muchos países no existe una categoría clara para este tipo de viviendas, lo que obliga a tratarlas como estructuras móviles o instalaciones temporarias. Esto puede ser una ventaja para quienes buscan evitar trámites, pero también implica limitaciones en cuanto a servicios, habilitaciones y posibilidades de escrituración.
