El sistema bancario argentino comenzó a liberar liquidez hacia el sector privado, con un incremento del 0,3% real en los préstamos en pesos durante junio, impulsado exclusivamente por créditos comerciales, mientras el crédito a familias se mantiene restringido por el aumento de la mora.
Con una base monetaria que acumula diez meses de contracción, el sistema bancario comenzó a liberar su liquidez hacia el sector privado, aunque bajo un estricto filtro de riesgo. La incipiente reactivación del crédito en pesos recae sobre las empresas, que comenzaron a traccionar financiamiento a partir de un descenso en las tasas de interés. En contrapartida, frente a una incobrabilidad familiar que alcanzó niveles máximos desde la salida de la Convertibilidad, las entidades financieras mantienen cerrado el grifo para el consumo de los hogares.
Durante junio, la base monetaria exhibió una contracción del 1,2% en términos reales y ajustada por estacionalidad, acumulando una caída del 9,5% real en lo que va del año, indicó el Informe Monetario Mensual del Banco Central. Sin embargo, esta absorción general convive con un circulante que volvió a expandirse por segundo mes consecutivo. En el sexto mes del año, los préstamos en pesos al sector privado registraron un alza del 0,3% mensual real, movimiento impulsado de forma exclusiva por los préstamos comerciales.
Para dimensionar el piso del que parte el sistema, en abril el saldo real del crédito privado en pesos todavía mostraba un rojo mensual del 0,9%. La parálisis venía de arrastre. Entre septiembre y abril, el sector financiero cortó el financiamiento y reconfiguró su modelo de negocios. Por el apretón monetario que aplicó el Gobierno para evitar una mayor corrida sobre el dólar, las tasas saltaron y, combinado con un poder adquisitivo en caída, la mora de las familias empezó a subir y las entidades, a dejar de prestar.
La liquidez excedente encontró un refugio institucional. “Como no prestaron más los bancos, con los pesos que cada vez son más porque el Banco Central compra reservas y emite, se los dan al Central o al Tesoro en las licitaciones”, detalló Federico Machado, economista de LLZ Finanzas. “Eso hace que los pesos emitidos no queden en la base monetaria, por eso viene disminuyendo”, planteó.
La bisagra temporal se dio en el último bimestre. “Desde mayo y junio, los préstamos llegan a un mínimo y empiezan a rebotar muy levemente, y eso hace que el circulante empiece a crecer de vuelta. Si el circulante crece y la base monetaria no, es porque los encajes se están reduciendo”, agregó el especialista de LLZ Finanzas. Para Machado, el problema estructural radica en el crédito: “Cuando crece el crédito, los pesos quedan en circulación. Cuando no hay, son prestados al BCRA o al Tesoro. La reticencia a prestar fue por la poca dinámica de la economía urbana y la suba de la mora”.
Esa recuperación corporativa traccionó las estadísticas agregadas. En términos interanuales, el segmento de crédito en pesos creció un 3,0% real en junio, consolidando una participación en el Producto Interno Bruto (PIB) del 9,2%. Al sumar el fondeo en moneda extranjera, el ratio crédito/PIB de la Argentina escala al 12,3%.
El trasfondo de esta selectividad crediticia radica en una agresiva política de diferenciación de tasas. En los bancos, la lógica que reinó fue la de blindar los balances y no fondear riesgo minorista hasta que los salarios no muestren una recuperación sólida, prefiriendo colocar liquidez en pymes a tasas competitivas. Según la consultora Suramericana Visión, las tasas pasivas cayeron en junio unos 20 puntos básicos, promediando una TNA del 19% al 21,5%. En paralelo, las tasas activas para empresas sufrieron un recorte de 50 puntos básicos y se ubicaron en torno a una TNA del 25%, niveles que no se veían desde octubre de 2020. Por el contrario, la tasa para personas físicas se clavó en un rango del 64% al 65%. A fin de mes, el diferencial entre el costo del crédito para individuos y el plazo fijo llegó a 3,35 veces.
Según la firma 1816, la mora trepó al 12,7% en mayo, con foco crítico en las familias. Esta radiografía coincide con el Instituto Argentina Grande, que advierte que el 12,1% de los hogares no logra pagar sus créditos, el nivel más alto desde la convertibilidad, empujando a cerca de 7 millones de personas fuera de la frontera del financiamiento.
Mientras, la actividad económica medida por el EMAE cayó un 1,5% mensual en abril. Aunque la variación interanual arrojó un alza del 1,6%, la suba está sostenida de manera excluyente por el Agro (+10,9%) y Minas y Canteras (+17,1%). Los sectores que derraman empleo y consumo sobre los grandes centros urbanos continúan en rojo: la industria manufacturera restó un 2,8% y el comercio mayorista y minorista se contrajo un 3,2%. Con un arrastre estadístico anual estancado en 1,6%, la economía local no ofrece por ahora los incentivos necesarios para que los bancos abran la válvula del crédito masivo.
Esta parálisis comercial e industrial es el eslabón directo que conecta la recesión con la exclusión financiera. Al no generarse ingresos sólidos en los grandes centros urbanos y con un arrastre estadístico que prevé nuevas caídas de la actividad, la crisis golpea el bolsillo de las familias y dispara los índices de incobrabilidad. Ante este riesgo inminente de default minorista, los bancos optaron por cerrarle la persiana al consumo y canalizar sus pesos a través de líneas comerciales, eligiendo financiar a las empresas que logran mantener solvencia en medio del estancamiento.
