El sociólogo y analista económico-social explicó la aparente contradicción entre los datos estadísticos y la percepción en los hogares. Señaló que la desaceleración inflacionaria genera un alivio nominal, pero no frena el deterioro de la clase media.
En una entrevista en Modo Fontevecchia por Net TV, el sociólogo y analista económico-social Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA) e investigador del CONICET, analizó la compleja situación social del país. Acompañado por el economista Mariano Fernández, desmenuzó la aparente contradicción entre la mejora en los indicadores estadísticos de pobreza y la realidad cotidiana de las familias.
Salvia explicó que la desaceleración de la inflación ha generado un alivio nominal, contribuyendo a una baja en las tasas de pobreza e indigencia en términos estadísticos. “La inflación ha sido un factor importante… la caída del proceso de la dinámica inflacionaria generó casi el 30% de la caída de la pobreza real que hemos experimentado en este tiempo”, afirmó. A esto se suman, según el analista, factores como el aumento de programas sociales y la expansión de la economía informal, que proveen cierto alivio a los sectores más vulnerables.
Sin embargo, el sociólogo advirtió que esta mejora parece encontrar un “piso” en torno al 6% o 7% en el sector más pobre, y no se traduce en una mejora general del bienestar. Para la clase media y los sectores populares, la situación es distinta. Salvia destacó un cambio estructural en la composición del gasto de los hogares: “Hoy dedican mucho más esfuerzo económico a gastos fijos que a gastos corrientes, en servicios más que en alimentación u otros bienes”.
Este fenómeno, según su análisis, hace que la medición metodológica tradicional de la pobreza pierda validez para captar la realidad. “Una familia hace dos o tres años, consumiendo el mismo nivel de combustible, gas, luz, agua o transporte o comunicación, en realidad, con 1.500.000 pesos pasaba a no ser pobre. Hoy no puede necesitar 1.500.000 porque, pagando todo eso al valor actual, tiene que consumir menos de otras cosas”, ejemplificó. Esta presión sobre el presupuesto familiar genera la paradoja que resume su diagnóstico: “Bajó la pobreza y nos estamos empobreciendo”.
El investigador concluyó que los procesos sociales no se transforman por decreto y que se requiere una inversión genuina y cambios estructurales para salir de la crisis, más allá de los alivios temporales que puedan mostrar las estadísticas en el corto plazo.
