Especialistas y organizaciones advierten sobre la proliferación de análisis y dietas que prometen mejoras sin respaldo, en un contexto de aumento de diagnósticos.
En paralelo al aumento de diagnósticos de autismo, se multiplicaron en redes sociales propuestas que prometen mejoras a partir de dietas, suplementos y tests epigenéticos realizados con cabello. Estas herramientas se presentan como capaces de detectar desde déficits nutricionales hasta supuestas “intoxicaciones” que afectarían el desarrollo.
Frente a este escenario, un grupo de expertos lanzó la campaña “Basta” para advertir sobre la difusión de tratamientos sin respaldo científico. Especialistas consultados validaron su postura, sosteniendo que detrás de estas prácticas hay más promesas que evidencia.
Tanto desde el campo médico como desde organizaciones de familias coinciden en señalar que estos tests no tienen validación científica y que su difusión puede generar falsas expectativas. También advierten que la forma en que se comunica el diagnóstico y la falta de información clara pueden empujar a muchas familias a buscar soluciones rápidas sin sustento.
“La palabra ‘epigenética’ suena a ciencia de punta, y los padres de chicos con autismo merecen respuestas reales. Pero hay que ser claros: este test no tiene validez científica para lo que promete”, advierte Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología de Buenos Aires. Y agrega: “Eso no es epigenética molecular, es bioenergética con vocabulario científico prestado”.
El especialista es categórico: “No existe ningún estudio publicado en una revista con revisión por pares que valide esta tecnología como herramienta diagnóstica. El propio fabricante aclara que el sistema no es médico”. En ese sentido, advierte sobre el riesgo de que estas prácticas desplacen intervenciones con evidencia.
El fenómeno se da en un contexto de creciente preocupación social. Un informe presentado recientemente por siete ONG en la Facultad de Derecho de la UBA señaló que la prevalencia del autismo aumentó de un caso cada 150 niños en el año 2000 a uno cada 31 en la actualidad, lo que representa una suba del 400% en pocas décadas. Esa demanda de respuestas abre un terreno fértil para la proliferación de soluciones rápidas.
Paulo Morales, presidente de la asociación civil TEA ACTIVA, aporta otra dimensión al problema. Según plantea, el modo en que muchas veces se comunica el diagnóstico puede empujar a las familias hacia estas alternativas. “Una visión que tenemos muchas familias es que el sistema médico se enfoca más en el diagnóstico que en la persona, casi como una profecía. Eso genera dolor y confusión, y termina llevando a buscar soluciones mágicas”, señala.
Morales advierte que el crecimiento del autismo también puede ser aprovechado por ciertos sectores: “Esto es una derivación de intereses propios de una industria”. Sin embargo, para él el problema de fondo es más profundo. “El autismo no necesita un gran cambio ni soluciones mágicas. Necesita una infinidad de pequeños cambios”, afirma.
Mientras tanto, en redes sociales continúan circulando cuentas de laboratorios con cientos de miles de seguidores que promocionan estos tests para niños con TEA y TDAH. En sus publicaciones, sostienen que la epigenética permite identificar factores que bloquean el desarrollo y orientar tratamientos personalizados.
A partir de esos supuestos diagnósticos, se ofrecen intervenciones que incluyen restricciones alimentarias, suplementación, homeopatía y protocolos de desintoxicación. Sin embargo, desde el ámbito científico advierten que no existe ninguna base biológica ni validación clínica que respalde diagnósticos de ese tipo a partir de cabello.
Andersson introduce, de todos modos, un punto clave: “Hay algo real y clínicamente importante: más de la mitad de los niños con autismo tienen dificultades alimentarias genuinas, con riesgo de déficit de zinc, hierro, vitaminas y otros micronutrientes”.
