El estilo de gobierno del presidente Javier Milei, inicialmente apoyado en un núcleo familiar y un asesor cercano, enfrenta tensiones internas y críticas por faccionalismo y corrupción, en un contexto de reformas políticas y económicas.
El presidente Javier Milei había descrito su gestión como un “triángulo de hierro” compuesto por su hermana y el asesor privado Santiago Caputo. Sin embargo, esa estructura inicial se ha disuelto, aunque el vínculo fraternal permanece sólido. Esta dinámica familiar, que algunos denominan “gobierno de familia”, contrasta con el discurso de transformación total del país impulsado por una “batalla cultural”.
Por un lado, el Gobierno busca cambiar una economía declinante heredada del populismo; por otro, resurgen prácticas políticas antiguas como el faccionalismo y la corrupción. El faccionalismo se ha manifestado en conflictos internos y en el uso de redes sociales para agravios, así como en medidas como la expulsión de periodistas acreditados en la Casa de Gobierno, lo que pone en cuestión el respeto a la crítica, un valor central del liberalismo.
En el ámbito político, se debate la eliminación de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). El Gobierno argumenta que su aparato electoral podría beneficiarse de su supresión, mientras que algunos sectores proponen reformarlas para hacerlas voluntarias y así fortalecer los partidos políticos. La corrupción también ha emergido en lugares inesperados, como en el manejo de permisos de importación, contradiciendo el discurso de administración impoluta del oficialismo.
Además, la dirigencia de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) ha sido señalada en tramas que involucran a sectores políticos y judiciales, reflejando problemas más profundos en la sociedad. El desafío para Argentina sigue siendo superar estas dinámicas que afectan su sistema de partidos y su gobernabilidad.
