Datos del Centro Panruso de Estudios de la Opinión Pública muestran un aumento del rechazo ciudadano hacia el presidente ruso, en medio de la prolongación del conflicto en Ucrania y restricciones digitales.
El sistema político ruso, liderado por Vladimir Putin desde hace más de dos décadas, registra indicadores de descontento creciente entre la población. Según el Centro Panruso de Estudios de la Opinión Pública, la principal encuestadora estatal, el 24,1% de los ciudadanos afirma no confiar en el mandatario, mientras que el 23,3% desaprueba su gestión, los niveles más altos desde el inicio del conflicto en Ucrania en 2022.
La aprobación presidencial descendió al 65,6% y la confianza general cayó al 71%, cifras que, aunque elevadas, no se registraban desde antes de la invasión a gran escala. La principal causa de irritación es la prolongación de la operación militar en Ucrania, que ya superó los 1500 días. Dos tercios de la población rusa desea que la guerra termine de alguna forma, mientras que solo el 25% apoya su continuación.
Desde principios de marzo, cada vez son menos los rusos que mencionan a Putin entre sus políticos favoritos: alrededor de un tercio, cuando hace años esa cifra rondaba el 50%. El hartazgo por la guerra se suma a la contracción económica, crisis internas como desastres naturales y decisiones polémicas en el sector agrícola. Las altas tasas de interés impuestas por el Banco Central para controlar la inflación y el alza de impuestos también han impactado en las empresas.
En los últimos meses, el bloqueo y la ralentización de internet en varias regiones, justificados por motivos de seguridad, han generado malestar incluso entre sectores afines al gobierno. Entre los jóvenes, más del 80% se opone a estas restricciones, que consideran una violación a un derecho humano básico.
Putin ha reducido sus apariciones públicas desde fines del año pasado, en un contexto que incluye el apresamiento de su homólogo venezolano Nicolás Maduro, el asesinato del ayatolá iraní Alí Jamenei y la derrota del primer ministro húngaro Viktor Orbán, aliados del Kremlin. El deterioro en la imagen presidencial también se refleja en la caída del partido oficialista Rusia Unida, cuya intención de voto desciende por debajo del 30% a pocos meses de las elecciones parlamentarias.
Analistas advierten que este escenario podría generar tensiones políticas si la tendencia se mantiene, especialmente en un contexto donde la censura y el control estatal dificultan medir con precisión el verdadero nivel de descontento social.
