Más de cuatro años después del inicio del conflicto, la economía rusa muestra signos de estancamiento, con inflación alta, escasez de mano de obra y caída de ingresos energéticos. La popularidad de Putin desciende y la población enfrenta cortes en servicios digitales.
Más de cuatro años después del inicio de la operación militar en Ucrania, que inicialmente se proyectaba como una campaña rápida, Rusia enfrenta una situación compleja. En el frente, el avance militar es limitado, mientras que el desgaste humano y económico se hace evidente.
La economía rusa, que durante un tiempo mostró crecimiento a pesar de las sanciones internacionales, ahora enfrenta una inflación elevada, tasas de interés del 16%, escasez de mano de obra y una disminución en los ingresos del sector energético. Según datos oficiales, la popularidad del presidente Vladimir Putin ha caído por debajo del 70% por primera vez desde el inicio del conflicto, situándose en 65,6% según el instituto VTsIOM.
En la vida cotidiana, los rusos experimentan cortes masivos en servicios digitales desde hace dos meses, lo que afecta pagos con tarjeta, aplicaciones y servicios automatizados. Esto ha impactado a comercios y ciudadanos, generando tensiones en la sociedad. La censura en internet y la restricción de aplicaciones como Telegram también afectan a unidades militares y organismos oficiales.
El descontento crece incluso en círculos cercanos al poder. Un bloguero pro-Kremlin fue internado en un hospital psiquiátrico tras pedir la renuncia de Putin y criticar la guerra. Analistas señalan que la élite rusa muestra signos de división, mientras circulan versiones sobre que Putin se mantiene en lugares seguros por temor a un golpe de Estado o atentado.
En el frente militar, desde principios de 2024, las fuerzas rusas han conquistado menos del 1,5% del territorio ucraniano, y las pérdidas se estiman en 1,2 millones de efectivos, según el Center for Strategic and International Studies.
