Federico Legaz y Evangelina Flores, dueños del restaurante New Campo Argentino en la ‘Little Buenos Aires’ de Miami, cuentan cómo se preparan para el Mundial y cómo lograron ser elegidos el mejor restaurante argentino de la ciudad por voto popular.
Federico Legaz (35) y Evangelina Flores (34) están contando los días para el inicio del Mundial. Pero ellos no esperan solo que ruede la pelota para encenderse con la ilusión de ser tetracampeones. Esta pareja de argentinos espera repetir el éxito que los grandes eventos deportivos le han traído a su restaurante, un reducto en la “Little Buenos Aires” de Miami que eligen los futboleros y otros comensales.
El año pasado, New Campo Argentino fue elegido el mejor restaurante argentino de Miami. “Nos votó el público en la lista del Miami New Times, que es un diario local muy bueno y popular. El voto editorial lo ganó otro restaurante, pero nosotros ganamos el de la gente, que es el que más nos interesa. Esperamos este año estar a la altura y poder volver a competir”, dice Federico.
La historia detrás del New Campo Argentino es una de inmigración, como la de tantos argentinos que se fueron a Estados Unidos buscando un futuro mejor. Aunque Federico no es técnicamente argentino: nació en Uruguay, donde su padre, arquitecto del barrio de Almagro, construía en Punta del Este en los 90. Pero llegó el 2001, y sus clientes argentinos dejaron de encargarle proyectos. Luis, Marita y sus dos hijos armaron las valijas y se mudaron a Miami. Federico era un nene de 11 años: apenas desliza que no fue fácil emigrar, pero que se adaptó rápido.
La de Evangelina es otra historia que se repite: llegó a Estados Unidos como niñera en un programa de intercambio en Carolina del Sur y estaba en Miami cuando llegó el 2020. “Se cerró el mundo”, rememora. Se tuvo que quedar en Miami. Un día fue a comer al restaurante y hubo flechazo con el muchacho simpático del otro lado del mostrador y se pusieron a jugar al truco. “Me conquistó con el real envido”, se ríe, y cuenta que un día le cayó al departamento “con un pastel de papas”. También cuenta que “cuando la mamá de Fede se fue al cielo”, decidió ayudar a su novio y a su suegro y se fue metiendo cada vez más en el New Campo. “Soy del Chaco y me gusta mucho compartir la comida, sentirte en casa… Eso lo quería replicar en el restaurante, pintamos un mural de Argentina, cambiamos un poco el menú”, enumera. Hoy, la pareja lleva codo a codo la gestión del centenar de cubiertos que tiene el salón.
El restaurante se abrió en Miami en 1999 y fue uno de los pioneros de la gastronomía nacional en esa ciudad que hoy —efecto Messi mediante— explota de locales de comida argenta. Lo puso otro argentino y los padres de Federico se lo compraron en 2005. Antes, se habían dedicado a distribuir panificados congelados de una famosa marca argentina y también habían incursionado con un pequeño bakery, una panadería, en un hotel que fue demolido. “Campo Argentino había tenido su época de gloria, pero después se vino un poco abajo”, apunta Federico. La estrategia de marketing lógica habría sido cambiarle el nombre, pero eso implicaba sacar todas las licencias de nuevo. Para abrir un local gastronómico en Florida se requieren muchísimos más trámites que acá y, sintetiza, “el tiempo es dinero”. Entonces optaron por mantener el Campo Argentino y agregarle un New adelante, para que los clientes entendieran que era algo nuevo. “Al principio costó, pero después fue una bola de nieve. Arrancamos cocinando más casero y no tan comercialmente, y la gente empezó a venir”, recuerda el joven empresario.
El gran cambio que hicieron fue apostar a una cocina hogareña que ampliara la perspectiva más allá de la parrilla. Les funcionó. Y en 2021, hicieron una apuesta que fue, literalmente, un gol de media cancha: los miércoles de milanesas. “El primer miércoles pedimos milanesas solo Eva, un amigo y yo. Hoy, hay que reservar con anticipación para conseguir lugar”, asegura. Esos días hay rock nacional y una propuesta muy atractiva para el bolsillo local. Una milanesa grande por 15 dólares, bastante menos de lo que cuesta en la mayoría de los lugares, y “la pizzanesa, una mila a la pizza que sale 35 dólares con la que comen hasta tres personas”.
La suba de precios no es solo un problema argentino, y Federico explica que los costos de la carne en Estados Unidos son imposibles: “Una libra de carne, que son 450 gramos, te sale más de 20 dólares. Con un 20% de desperdicio, no te cierra el número, tenés que venderlo a tres veces más”. Eso los obligó a aggiornar la carta para mantenerse competitivos: sigue estando la parrilla, pero, como ocurre también en muchos restaurantes de Argentina, la están llevando al estilo bodegón. Además de la milanesa, sumaron los sorrentinos, el pastel de papas y el sándwich de lomito. “Ellos tienen el Shepherd’s Pie así que si se lo sabés vender, el pastel de papas les encanta. Y la carne es número uno mundial, pero cuando prueban el lomito, te dicen ‘Este sándwich es una gloria’”, relata. Y muchas de esas recetas bodegoneras son de su mamá. “La salsa bolognesa, el puré de papas, los canelones… Todas son de ella. Mi vieja siempre decía…”, concluye.
