El exalcalde de Manchester, Andy Burnham, juró como diputado en la Cámara de los Comunes el 22 de junio tras ganar una elección parcial el 18 de junio. Su llegada genera especulaciones sobre una posible candidatura a liderar el Partido Laborista, en un contexto donde los cambios de primer ministro suelen generar repuntes temporales de popularidad.
El exalcalde de Manchester, Andy Burnham, juró como diputado en la Cámara de los Comunes el 22 de junio, tras obtener el escaño en una elección parcial celebrada el 18 de junio. Durante la ceremonia, diputados de la oposición realizaron comentarios como “¡Alguien se ha salvado!” y “No es el mesías”, a lo que Burnham respondió “¡Qué pícaro!”.
La llegada de Burnham al Parlamento se produce tras la dimisión de Sir Keir Starmer como líder del Partido Laborista. Diputados laboristas han expresado expectativas de que Burnham pueda asumir el liderazgo del partido.
El cambio de primer ministro es una práctica recurrente en la política británica. Según datos históricos, desde 1945 diez de los dieciocho primeros ministros del país asumieron el cargo entre elecciones. La duración promedio de esos mandatos fue de dos años y 324 días, con extremos que van desde los casi siete años de Harold Macmillan hasta los 49 días de Liz Truss. De esos diez, cinco ganaron elecciones generales posteriores (aunque perdiendo la mayoría, como Theresa May) y cuatro las perdieron (incluido Gordon Brown). Truss dimitió antes de convocar elecciones.
Un análisis de la revista The Economist sobre encuestas de opinión desde 1955 indica que, cuando un partido gobernante cambia de primer ministro, experimenta un repunte promedio de 3,8 puntos porcentuales en intención de voto. Ese incremento se compone de un aumento de 1,8 puntos tras la dimisión del líder anterior y de dos puntos adicionales tras la instalación del nuevo líder. Por ejemplo, tras la dimisión de Margaret Thatcher en 1990, los conservadores registraron un aumento de diez puntos.
Sin embargo, el mismo análisis señala que esos beneficios tienden a desaparecer en un plazo promedio de 400 días. Cuando Gordon Brown sucedió a Tony Blair en 2007, la popularidad laborista subió nueve puntos, pero un año después cayó cinco puntos por debajo del nivel registrado cuando Blair dejó el cargo.
Encuestas de YouGov indican que la imagen desfavorable de Burnham pasó del 30% al 41% entre mayo y junio de 2026. Una vez en el poder, Burnham enfrentaría los mismos desafíos que enfrentó Starmer, lo que podría afectar su popularidad.
Como antecedente, Boris Johnson asumió el liderazgo conservador en 2019, tras la dimisión de Theresa May, con el objetivo de resolver el estancamiento del Brexit. Entre mayo y diciembre de 2019, el apoyo a los conservadores pasó de poco más del 20% al 44%, suficiente para ganar las elecciones generales de ese año. Si Burnham logra unificar a la izquierda, podría seguir una estrategia similar.
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