El escritor rosarino publica su segunda obra, donde explora la vida de jóvenes en contextos marginales, destacando la construcción literaria de la experiencia y sus influencias, desde la antropología hasta la narrativa clásica.
“De la guantera del Torino, Archie Reiton sacó una edición vieja de la revista Picante. Era del año anterior, del verano anterior, y los bordes ajados, las hojas dobladas y húmedas, el descolorido de las bikinis y las tangas fluorescentes le hacían acordar lo vieja que era la revista, y que solo él sabía que estaba ahí”. Así comienza Chicos de la calle (Blatt & Ríos), la segunda novela del escritor rosarino Derian Passaglia, tras El alma de las colinas.
La nueva obra transcurre en Harlem, aunque sus personajes, vinculados a la venta de droga en su barrio, son argentinos. “Podrían ser de Buenos Aires o Rosario”, señala el autor, quien es docente de Lengua y Literatura para adolescentes de 12 y 13 años. Passaglia afirma que su labor docente influye en su escritura: “Antes separaba en forma no muy natural el trabajo de lo que escribía. Después me fui abriendo un poco; vivo la mayor parte de mi vida en las aulas desde hace diez años. ¿Cómo no va a penetrar eso en lo que estoy escribiendo?”.
El autor revela que se guía en gran medida por los nombres para crear a sus personajes. Archie Reiton proviene de una marca de ropa infantil de Rosario, mientras que Tribilín, una chica trans, surgió de “un reel en Instagram”. Para el personaje de Rico se inspiró en el libro En busca de respeto. Vendiendo crack en Harlem del antropólogo Philippe Bourgois, una fuente clave para la novela. “Es antropología, pero parece una novela”, destaca Passaglia sobre el trabajo de Bourgois, quien vivió en Harlem para recopilar testimonios.
Al ser consultado sobre los límites entre realidad y ficción, el escritor sostiene: “En definitiva, se trata de una novela; una construcción imaginaria. Para lograrla hay que generar una distancia elaborada, que se construye mediante palabras. Mi intención en parte era que esta construcción estuviese a la vista”. El título Chicos de la calle retoma la traducción de Ragazzi di vita de Pier Paolo Pasolini. “Buscaba un título genérico, algo poético: son chicos de la calle, y listo”, explica.
Passaglia busca universalizar el tema: “Son chicos, tanto en Harlem como en Rosario, no hay tantas diferencias. Lo que cambia es el escenario, pero en todos los lugares del mundo esto se da de la misma manera”. Menciona influencias como Charles Dickens y Pasolini, y aclara su enfoque: “Los que escriben sobre chicos en la calle siempre son realistas, intentan mostrar algo que está pasando. Y bueno, yo no. Simplemente, me gusta la literatura. Si bien veo lo que pasa: a los 14 años volviendo a mi casa vi a un tipo degollado. Pero no quiero mostrar eso de una manera directa, sino de una forma que tenga que ver con la literatura”.
Respecto a si existe una obligación moral al abordar estos temas, el autor reflexiona: “Sí, creo que es así. Por un lado, algo moral, una posición que asume el escritor: ‘yo estoy denunciando algo’. Pero también está el placer de la escritura, el juego con el lenguaje”.
