El Banco Central estima que las exportaciones de combustibles y minerales alcanzarán los US$52.300 millones anuales en 2030, impulsadas por Vaca Muerta y proyectos mineros. La cifra representa un crecimiento respecto de los US$13.000 millones previstos para 2025.
El Banco Central proyecta que las exportaciones de combustibles y minería alcanzarán los US$52.300 millones anuales en 2030, según la actualización difundida en 2026. La estimación indica que las ventas de combustibles crecerán hasta los US$36.700 millones, mientras que las mineras pasarán de US$6.100 millones a US$15.600 millones en el mismo período.
La trayectoria conjunta de energía y minería iría de unos US$13.000 millones en 2025 a US$19.000 millones en 2026, US$24.000 millones en 2027, US$28.000 millones en 2028, US$34.000 millones en 2029 y más de US$51.000 millones en 2030. El ritmo no sería lineal: dependerá de la habilitación del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur, del inicio de los embarques de GNL y de la velocidad con la que aumente la producción.
El componente más voluminoso llegará de la energía. Vaca Muerta ya permitió reducir las compras externas de gas y combustibles. La segunda etapa consiste en ampliar la producción y la infraestructura para vender petróleo y gas en forma sostenida al exterior. Los oleoductos serán la primera pieza del salto. La ampliación de la capacidad de transporte hacia el Atlántico permitirá despachar mayores volúmenes de crudo. Más adelante, el gas natural licuado podría agregar otra escala.
Por su parte, la minería aportará una cifra menor que la energía, pero tendrá un crecimiento proporcionalmente muy fuerte. Para 2030, la proyección del Banco Central distribuye los US$15.600 millones de exportaciones mineras principalmente entre cobre, con US$6.200 millones; litio, con US$5.200 millones; y oro, con US$3.300 millones. El resto correspondería, entre otros productos, a plata y otros minerales.
El plazo minero es más largo y menos previsible que el petrolero. Una mina de cobre requiere estudios de factibilidad, permisos ambientales, acuerdos con las comunidades, financiamiento, caminos, líneas eléctricas y obras para transportar el concentrado. Incluso después de la decisión de inversión, la construcción puede demandar varios años. Por eso una demora en uno o dos grandes proyectos puede mover la cifra prevista para 2030.
La cifra de más de US$50.000 millones responde a exportaciones brutas. No significa que ese monto vaya a quedar íntegramente en las reservas del Banco Central ni disponible para financiar gasto público. Las compañías deberán importar equipos y tecnología, pagar servicios, afrontar deuda, distribuir utilidades y reinvertir parte de los ingresos. Además, el régimen cambiario vigente en cada momento determinará qué proporción debe liquidarse en el mercado local y en qué plazos.
Para medir la verdadera disponibilidad de dólares habrá que observar al menos cuatro niveles: la facturación exportadora; el saldo comercial después de importar bienes y servicios; el flujo financiero una vez pagados deuda y utilidades; y, finalmente, la porción efectivamente liquidada en el mercado de cambios.
