El ingeniero mecánico recreó el tractor que su abuelo construyó para su padre y ahora tiene una fábrica con 16 modelos. Comenzó durante la pandemia y ya envió un auto a Estados Unidos.
Oscar Solís (43) es ingeniero mecánico y vive en Perico, Jujuy. Durante la pandemia de COVID-19, cuando su empleador le indicó trabajar desde su casa, utilizó el taller de su vivienda para construir un tractor a escala para su hijo de cuatro años. La iniciativa surgió a partir de un modelo que su abuelo Tito había fabricado para su padre sesenta años antes.
Solís relató que su abuelo, fallecido en 2015, construyó su primer auto de carrera a los 18 años y que la familia tiene una tradición vinculada a los automóviles. “Mi abuelo era un ingeniero sin título”, afirmó Solís, y agregó que el tractor original se utilizó en el desfile de la fiesta patronal del pueblo y actualmente está en restauración para exhibición.
Tras finalizar el tractor para su hijo, Solís publicó una foto en WhatsApp y recibió diez pedidos de amigos. En un principio respondía “No fabrico”, pero decidió aceptar los encargos. “No quiero que suene mal pero para mí la pandemia fue una bendición porque me dio el tiempo para empezar esto que yo nunca lo hubiese empezado”, declaró.
Lo que comenzó como una actividad recreativa se transformó en un emprendimiento. Solís renunció a su empleo anterior y, con la ayuda de un vecino estudiante de escuela técnica y luego de su padre jubilado, instaló un taller en un galpón y hace cinco meses se mudó a una fábrica en el parque industrial de Perico. La empresa se llama OSSO y emplea a personas del pueblo, además de recibir entre 8 y 10 pasantes de la Escuela Técnica y la Tecnicatura de Mecatrónica.
Solís manifestó que no tiene redes sociales y que una prima le sugirió abrir una cuenta de Instagram. Señaló que al principio los clientes dudaban porque desconocían la ubicación de Perico. “El 99% pensaba que era una estafa”, sostuvo, y explicó que responden los mensajes de inmediato para dar credibilidad. La empresa vende a distintas provincias y recientemente envió un auto a Estados Unidos, cuyo desarrollo demandó un año y medio.
Actualmente ofrece 16 modelos distintos de tractores y autos a escala, todos personalizados y fabricados a mano. “Mucha gente cree que es un juguete pero es como diseñar un auto de verdad”, explicó Solís, y destacó que sus hijos de diez y siete años, junto a un sobrino de cuatro, son los pilotos de prueba. Su esposa Julieta colabora en el área digital y las fotos de los productos.
La marca OSSO quedó entre los seis finalistas del premio al emprendedor del año, entre 250 postulantes, y fue el único emprendimiento del interior del país en llegar a la final. Solís evalúa la posibilidad de instalar una segunda fábrica en Paraguay y recientemente se reunió con una persona que se encargará del área comercial. “No nos interesan los números sino la gratificación que pueda tener el cliente”, concluyó.
